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'Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull'
('Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal')

AÑO: 2008
DURACIÓN: 125 min.
DIRECTOR: Steven Spielberg
GUIÓN: David Koepp
BANDA SONORA: John Williams
FOTOGRAFÍA: Janusz Kaminski
MONTAJE: Michael Kahn
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Harrison Ford, Cate Blanchett, Shia LaBeouf, Karen Allen, John Hurt, Ray Winstone, Jim BroadbentLa primera se convirtió al momento en un clásico del cine de aventuras, y con los años pasó a ser el clásico por antonomasia de ese género, y un modelo imitado decenas de veces. La segunda fue recibida con más frialdad debido a su tono oscuro y pesimista respecto al ser humano, algo muy arriesgado en una película con intenciones comerciales, aunque conserva la diversión y el excelente trabajo de Spielberg tras la cámara. La tercera fue recibida como el segundo advenimiento de Cristo, como una de las mejores películas de la historia para mucha gente, aunque supuso un claro paso atrás (más bien una caminata atrás) respecto a su predecesora. Tiene un gran ritmo, pero no tarda demasiado en mostrarse como la más infantil de ellas, llena de escenas ridículas que simplemente quieren arrancar la carcajada al público más joven, aunque para ello se valgan de absurdos y momentos poco creíbles. Ni siquiera el carismático Sean Connery, con su magnífico trabajo, puede salvarla de ser una película de aventuras mediocre, cercana al comercialismo que imperaría en la mayor parte del cine estadounidense de los noventa. Y ahora, casi veinte años después, nos llega la cuarta entrega. Los fans más acérrimos de Indy la reclamaban desde hacía algunos años, pero muchos nos temíamos que habría ido un paso más allá (o más atrás, según se mire) respecto a la tercera.
La frase que mejor define esta película es, a su vez, una de las que mejor define la sociedad actual, “el fin justifica los medios”, motivo por el cual se convirtió en una película de gran éxito de público y taquilla, y moderadamente para la crítica. Nos encontramos ante una película en la que todo vale con tal de ver acción en la pantalla y que el ritmo no cese. No son simplemente escenas ridículas, como en la tercera entrega, sino que han logrado llegar a un nuevo nivel: el absurdo total. No importa que las escenas se salten toda lógica en este mundo, o que resulten estúpidamente gratuitas, o que sean incoherentes entre sí; sólo importa que el ritmo no cese. Una estupidez, otra estupidez, otra estupidez más... así durante todo el metraje, sin tregua para el espectador. La narrativa no importa lo más mínimo en la película. Casi se podría decir que no existe. La historia no es más que una excusa para mostrarnos una secuencia de imágenes supuestamente entretenidas que pretenden no dar tregua, puede que para que el espectador no reflexione sobre lo que está viendo.
La estrategia, cuando menos, tiene sentido, ya que hay escenas que resultan totalmente imperdonables, comenzando por la ya famosa nevera indestructible o los nativos que están encerrados dentro de estatuas para acechar a los intrusos, unos intrusos que no llegan desde hace siglos; pasando por unas hormigas que forman una columna para atacar a los humanos. ¿Tiene lógica? Evidentemente no, pero eso no importa, ya que el resultado es lo que cuenta. Pero no sólo de situaciones ridículas vive este film, ya que los personajes nuevos salen igual de mal parados. Irina, la soviética interpretada por Blanchett, es uno de los villanos más estúpidos que se han visto en la historia del cine. Sin especial carisma, ni personalidad, con momentos para mayor gloria de la absurdez de la peli (cuando le coloca a Indy la mano en la frente). El doctor Oxley es posiblemente uno de los peores papeles que el veterano John Hurt ha interpretado en su vida. Durante la mayor parte de sus escenas hace poco más que bailar y saltar de manera estúpida, sin gracia alguna. Ray Winstone tampoco tuvo mucha suerte con su personaje, que quizás no sea tan ridículo, pero resulta tan pobre que todos sus movimientos se huelen a kilómetros. Shia LaBeouf se ocupa de un personaje arquetípico al cien por cien, el típico adolescente rebelde. No lo hace mal, pero con un personaje tan pobre es difícil lucirse. Sin duda el que resultó más afortunado fue Jim Broadbent, que simplemente cubre el hueco dejado por Denholm Elliott al principio y final de la película. Ésa es su suerte, que apenas sale en este despropósito, y no tienen tiempo ni para dejar que su personaje haga el ridículo.
Harrison Ford, la verdad, ya no está para estos trotes. Interpreta con solvencia su papel, pero a esa edad es difícil verlo como un héroe de aventuras o de guerra. Su presentación en pantalla, como el regreso de una leyenda, funciona ahora bastante bien ya que se acaba de estrenar, pero dentro de unos años será una escena de autocomplacencia absoluta por parte de Spielberg, un error más en esta ristra interminable. El regreso de Karen Allen es algo más discreto, pero optaron por dirigir a su personaje por esa senda de la patochada que jamás había pisado en la primera entrega. Convirtieron a un personaje de marcado carácter en otra excusa más para hacer reír al espectador. Otro eslabón más en la cadena de errores que estamos recorriendo.
Estúpida, incoherente, absurda, idiota, autocomplaciente. Se la podía calificar de muchos otros modos, ninguno positivo, pero no cabe duda de que es una película acorde con los tiempos actuales, en los cuales todo ha de transcurrir lo más rápido posible, sin dar tregua para la reflexión o la narración detallada y pausada. Es un paso de Spielberg dentro de ese submundo del cine cuyo dios es Michael Bay. Algo está claro, triunfará en los MTV Movie Awards, y ya lo dijo Fellini: "La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural".
'Jude'

AÑO: 1996
DURACIÓN: 122 min.
DIRECTOR: Michael Winterbottom
GUIÓN: Hossein Amini (Novela: Thomas Hardy)
BANDA SONORA: Adrian Johnston
FOTOGRAFÍA: Eduardo Serra
MONTAJE: Trevor Waite
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Kate Winslet, Christopher Eccleston, Liam Cunningham, Rachel Griffiths, June WhitfieldNo son pocos los autores que han tratado amores imposibles por diversos motivos, ya sea por convenciones de época (Edith Wharton), motivos morales o religiosos (Graham Greene) o condiciones históricas (Sebastien Japrisot). No voy a mentir en este tema: no soy precisamente un gran literato, así que a casi todos los conozco por sus respectivas adaptaciones al cine. A esta lista tengo que sumar ahora a Thomas Hardy, que en su novela 'Jude el oscuro' nos narra la historia de un joven serio y trabajador con ansias de ser un hombre cultivado.
Jude Fawley nació en un pequeño pueblo de la campiña inglesa, y parecía predestinado a ser labriego o dedicar su vida a manejar un cincel, pero un día su mentor, el señor Phillotson, le contó que leyendo libros mientras otros estaban en la calle, estudiando mientras otros se divertían y yendo a la universidad cuando fuese mayor un nuevo mundo se abriría ante él. Jude se tomó muy en serio sus palabras, y desde entonces su vida consistió en trabajar lo suficiente para poder vivir con su tía y cultivarse de manera solitaria. Pero un día una chica del pueblo, Arabella, se fijó en él, y no cesó en su empeño hasta que logró llevarlo al altar. Poco después, viendo ambos que su matrimonio era un error, sus vidas se separaron, marchando ella a Australia y él a intentar ingresar en la universidad. Entonces, en su nueva ciudad, siempre bajo la sombra de seguir casado con Arabella, conocerá a su prima Sue Bridehead, con la que comenzará una intensa amistad que se convertirá en un complejo amor no consumado...
Entre el amor de Jude y Sue se interpondrán varios elementos, siendo el principal de ellos las convenciones morales de la época, pero también ellos tendrán sus propias dudas morales, y al final, tras un dramático episodio, incluso religiosas. Por estos motivos las similitudes con las obras de Wharton ('The Age of Innocence') y Greene ('The End of the Affair') son bastante evidentes, aunque la historia sea algo menos sutil y rica, sobre todo en cuanto a personajes. Jude no es un hombre increíblemente complejo, aunque eso es realmente lo que se nos quiere mostrar en la historia, por lo cual admira a su prima Sue, una mujer cultivada, compleja y adelantada a su época. Sobre Arabella no sabemos demasiadas cosas, aparte de que parece ser una mujer sencilla del campo, lo que en cierto modo era un impedimento para las ansias de Jude por cultivarse, ya que él no se conformaba con vivir de despiezar cerdos. De todos modos, su importancia en la historia es más bien simbólica, el estilo de vida al que Jude estaba destinado y que se negó a abrazar, bien a través de ella o de otra mujer. Sue representa totalmente lo opuesto, una vida con más libertad y alejada de convenciones sociales, religiosas o morales, con interés por la cultura y conocer mejor el mundo. Y aparte de estos tres, no tenemos muchos más personajes con verdadera importancia en la trama. Todas las frustraciones por las dificultades de su amor se revelan a través de ellos mismos o de personajes episódicos poco desarrollados, lo que dificulta el llegar a comprender del todo de dónde vienen sus reacciones, a pesar de que todos lo sepamos.
La historia resulta, por tanto, muy interesante, y está bien narrada, pero se ve lastrada por las limitaciones de articularse realmente en sólo dos personajes, uno de ellos claramente “dominado” por el otro, y de incluir ciertos pasajes carentes de sutileza, como el de la escena del dormitorio de sus hijos, escena crucial pero algo exagerada y poco creíble debido al escaso, por no decir nulo, desarrollo de la personalidad de su hijo mayor. Uno puede intuir que eso iba a pasar por ciertas líneas de diálogo, pero se hubiera agradecido una profundización en la mente del pequeño, por lo que parece bastante más atormentada de lo que todos se imaginaban. El trágico final (que nadie considere esto un spoiler, porque cualquiera intuye que esta historia no va a acabar bien, tanto por el tono del film como por su desarrollo) encaja bastante bien con el resto de la historia, y supone una evolución muy interesante del personaje de Sue, pero probablemente le parezca a más de uno forzado al tener su origen en la escena citada anteriormente.
En cualquier caso, Winterbottom logró una obra de calidad notable, sin marcar demasiado las tintas en los momentos más endebles del escrito, realizando un canto al verdadero amor y a la injusticia imperante en el mundo. Para conseguirlo se rodeó de un equipo destacable, con el portugués Eduardo Serra como responsable de una preciosa y melancólica fotografía y unos excelentes Christopher Eccleston y Kate Winslet. Kate ha demostrado en pantalla la libertad de espíritu como pocas actrices han hecho (Titanic, Iris, Eternal Sunshine of the Spotless Mind), y aquí vuelve a bordarlo, construyendo un personaje con una vitalidad contagiosa en casi todo el metraje. Eccleston también destaca como el joven con ansias de cultura pero perdido Jude, en especial en los momentos en que tiene que mostrar sus sentimientos de un modo más sutil, saliendo algo peor parado en los momentos explícitamente más dramáticos.
Muchos la recordarán por el desnudo de Kate Winslet, como se puede comprobar por internet, pero esta película de Michael Winterbottom tiene otras virtudes por las que merece ser vista. Crítica, dura, desgarradora, pesimista y un canto al amor verdadero. A veces peca de resultar excesiva, y en otras ocasiones de resultar algo simple por sus escasos personajes, pero no hay duda en que transmite magníficamente su mensaje: en el amor, como en todo en este mundo, para poder ganar o perder hay que arriesgar.
'The Right Stuff'
('Elegidos para la gloria')

AÑO: 1983
DURACIÓN: 184 min.
DIRECTOR: Philip Kaufman
GUIÓN: Philip Kaufman (Novela: Tom Wolfe)
BANDA SONORA: Bill Conti
FOTOGRAFÍA: Caleb Deschanel
MONTAJE: Glenn Farr, Lisa Fruchtman, Tom Rolf, Stephen A. Rotter, Douglas Stewart
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Sam Shepard, Dennis Quaid, Barbara Hershey, Scott Glenn, Ed Harris, Fred Ward, Scott Paulin, Lance Henriksen, Charles Frank, Jeff Goldblum, Harry Shearer, Scott Wilson, Levon Helm, Donald Moffat, Pamela Reed, Veronica Cartwright, Kim StanleyLos soviéticos son los mensajeros del Diablo en la Tierra. Hay que estar en todo momento por encima de ellos, porque los americanos son los grandes defensores de la libertad y los derechos civiles en el mundo. Ellos han realizado las más grandes hazañas de la historia, como el invento del teléfono, el avión o el cine. Por eso jamás de los jamases pueden estar por debajo de esos egoístas y asquerosos comunistas.
Esto es más o menos lo que pensaba el pueblo estadounidense en los años 50 y 60, cuando dio inicio la carrera espacial y ocurría la Guerra Fría. Y esta película sobre los primeros estadounidenses que viajaron al espacio no tiene reparos en contarlo de ese modo. Esto le confiere cierto tufillo patriótico, aunque bastante contenido por parte de su director y guionista, Philip Kaufman, y que supone un pequeño lastre para la película. Ciertos logros de la URSS son reconocidos en el film, pero siempre por debajo de los obtenidos por la NASA, mucho más celebrados y épicos. La parcialidad reina en todo momento en la película, además de larga duración, pero, por increíble que parezca, se salva con creces por muchos otros aspectos.
Dejando ya bien claro este apartado, casi siempre el más destacado y criticado de la película, y con razón, debemos tener en cuenta sus numerosas virtudes, empezando por una historia bastante fiel en lo que nos cuenta (teniendo en cuenta que sólo nos narra los hechos americanos, eso sí), muy interesante por adoptar diferentes puntos de vista (políticos, científicos, pilotos, sus familias, etc) y, sobre todo, con muchos e interesantes personajes, creíbles en todo momento. Además, se agradece que se dedique un importante segmento del metraje al olvidado Chuck Yeager, pionero en atravesar la barrera del sonido, apasionado de su profesión, con unos claros principios morales, sin ganas de ser una estrella mediática y un piloto mucho más experimentado que los primeros astronautas. El ritmo no decae en ningún momento, gracias también a un buen montaje que alterna con gran acierto algún material de la época con el metraje rodado para la película. Los momentos especialmente graciosos y dramáticos, aunque escasos, están muy bien aprovechados, sobre todo los primeros (la secuencia de los diferentes cohetes de prueba explotando, con la guinda final, es impagable). Quizás haya ciertos personajes en los cuales podrían haber profundizado más (de los 7 astronautas, 3 carecen de especial importancia en la trama), pero aquellos explorados con profundidad la convierten en una película de marcado interés y cierta densidad, narrando tanto sus logros como fracasos y frustraciones, bien personales o profesionales, y cómo se le ocultaban al pueblo estadounidense para que siguieran pareciendo héroes (un pequeño contrapunto a ese patriotismo que impera en parte del metraje).
La complejidad de todos estos personajes se la tenemos que agradecer tanto al escritor de la novela original, Tom Wolfe, como al reparto que los encarna. Un reparto que hoy en día impresiona, pero que en su momento eran intérpretes no demasiado conocidos, como Scott Glenn, Barbara Hershey, Sam Shepard, Lance Henriksen, Ed Harris, Jeff Goldblum o Dennis Quaid. Todos cumplen de sobra con sus papeles, incluso algunos intérpretes algo limitados, como Fred Ward, siendo especialmente destacables los trabajos de Glenn, Harris y Shepard por tener los personajes más interesantes y desarrollados. Ah, y no olvidemos el increíble parecido del actor Donald Moffat con el presidente Lyndon Johnson. Pocas veces se ha visto una caracterización tan acertada con un político en el cine.
Otro apartado controvertido en la cinta, y que merece ser mencionado, es la banda sonora de Bill Conti. Cualquier aficionado a la música clásica notará enseguida que se basa claramente en los trabajos de Gustav Holst correspondientes a “Los planetas”, confirmándolo algo tan sencillo como el incluir la pieza “Marte: el portador de la guerra” en el film. El tema principal tiene bastantes notas en común con la pieza dedicada a Júpiter y con la anteriormente mencionada, motivo por el cual muchos han tildado de vergonzoso este trabajo. Sí es evidente que fue sobrevalorado en su momento (fue galardonado con un Oscar), pero nadie puede negar que la banda sonora es de lo más adecuada para la película y muy agradable de escuchar, a pesar de ser algo breve, por lo que no supone sino otro punto a favor para su visionado. Eso sí, es imperdonable que en los créditos no figure en ningún sitio el nombre de Holst, verdadero artífice póstumo de esta banda sonora.
Lo cierto es que he realizado esta reseña con el mero objetivo de reivindicar una película que, a pesar de tener los defectos descritos, es muy recomendable e increíblemente agradable de ver, conjugando de un modo curioso profundidad y dualidad en los personajes y un tratamiento algo parcial de la historia, clara maniobra de Philip Kaufman para lograr mayor prestigio y poder en Hollywood con el objetivo de realizar películas mucho más arriesgadas, personales, complejas y mejores, como The Unbearable Lightness of Being (toda una proeza al adaptar estupendamente la obra de Kundera, de una complejidad emocional increíble) o Quills. Si todas las películas patrióticas y con intención de lograr poder en Hollywood fueran como ésta, la meca del cine no tendría tan mala fama en ciertos círculos. Así que, sin más dilación, la recomiendo a cualquiera que se atreva con una película algo densa, larga y de estupendo reparto y factura (destacable también el esfuerzo de Caleb Deschanel en la fotografía, en especial las bellas estampas desde el espacio conseguidas con diversos efectos ópticos), pero que tenga en cuenta, eso sí, que las temidas barras y estrellitas amenazan con asomar por el televisor en ciertos momentos.
Por cierto, el teléfono no lo inventó Graham Bell, sino el italiano Meucci. Pobres estadounidenses. Aunque al menos no fue un ruso.
'Before the Devil Knows You´re Dead'
('Antes que el Diablo sepa que has muerto')

AÑO: 2007
DURACIÓN: 117 min.
DIRECTOR: Sidney Lumet
GUIÓN: Kelly Masterson
BANDA SONORA: Carter Burwell
FOTOGRAFÍA: Ron Fortunato
MONTAJE: Tom Swartwout
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei, Rosemary Harris, Aleksa Palladino, Michael Shannon, Amy Ryan, Brian F. O'Byrne, Lee Wilkof83 años. Con esa edad cualquier director se habría retirado ya (menos Manoel de Oliveira, el cual amenaza con fallecer claqueta en mano). Pero Sidney Lumet ha decidido no hacerlo. Un Oscar honorífico. Estatuilla maldita y sinónimo de decadencia y cuesta abajo en la carrera de cualquiera en el mundo del cine. Pero a Sidney Lumet no le ha afectado. Realizar una película decente y de autor con Vin Diesel como protagonista. Nadie se lo habría imaginado. Pero Sidney Lumet sí. Ni los años, ni las maldiciones, ni los actores de mala fama pueden con este grande (aunque de filmografía irregular, eso sí) del celuloide estadounidense. Y los aficionados al buen cine tenemos que dar las gracias de que así sea, y esperemos siga siendo por bastantes años.
Lumet ha tenido que volver a los personajes frustrados o fracasados de sus orígenes para regalarnos una de sus mejores obras. Cuando menos desde Prince of the City, y es incluso posible que desde Dog Day Afternoon, Lumet no nos había deleitado con una obra tan redonda como ésta, con tanta garra y fiereza en su planteamiento y personajes. Y poco tardamos en darnos cuenta de todo esto, ya que en cuanto conocemos la situación de los hermanos Andy (Philip Seymour Hoffman) y Hank (Ethan Hawke) y su plan para atracar la joyería de sus padres (Albert Finney y Rosemary Harris) nos percatamos de que vamos a presenciar una historia de dimensiones épicas en su plano emocional y moral.
Narrada mediante flashbacks según el punto de vista de los principales personajes, la historia no ofrece grandes giros argumentales, ni pretende hacerlo, pero sí logra descubrir progresivamente las personalidades de sus protagonistas, en especial de Andy. Quizás los flashbacks no sean un modo muy original de contarlo en plena era de ruptura con la narración lineal, pero resultan eficaces a la hora de mostrar la evolución de cada personaje al centrarse en él durante un buen tramo de metraje, sin saltar de uno a otro continuamente. La historia va aumentando en intensidad de un modo espectacular, hasta alcanzar un clímax memorable en sus últimas escenas.
A la grandeza del guión de Kelly Masterson (sorprende que haya logrado semejante resultado con éste su primer libreto) se le suma un trabajo de dirección por parte de Lumet simplemente brillante. Su habitual sobriedad alejada de cualquier tipo de efectismo queda como anillo al dedo a esta historia, al igual que ocurría con Dog Day Afternoon o Serpico, al contar con una narrativa cargada de dinamismo e intensidad, algo que no pasaba con Network o The Verdict, que, a pesar de contar con grandísimos guiones, no tuvieron en Sidney Lumet al mejor director por resultar más densos y lentos. También hemos de destacar el estupendo uso de la banda sonora (compuesta por el habitual de los Coen, Carter Burwell), algo poco habitual en Lumet, como podemos comprobar en cualquiera de sus trabajos anteriores.
Pero si hay algo que siempre ha resultado perfecto en todos los films de Lumet es su deslumbrante dirección de actores, y aquí no tenemos una excepción. Todo el reparto está sublime en sus dispares papeles, en especial ese monstruo de la interpretación que es Philip Seymour Hoffman, que realiza uno de sus mejores trabajos como el gélido Andy, con una permanente muestra de sentimiento de superioridad respecto a los demás, en especial a su fracasado hermano Hank, interpretado estupendamente por un Ethan Hawke que simplemente necesita una mirada para mostrarnos todo su temor. Quizás el único que en ocasiones se exceda un poco sea un Albert Finney que el resto del tiempo resulta indispensable en la pantalla.
En 1957 Lumet sorprendió a todo el mundo debutando con 12 Angry Men, que poco tardó un convertirse en clásico y en una de las películas más influyentes de su época. Y ahora, 51 años después, demuestra que está más en forma que nunca, regalándonos una de sus mejores obras, un drama con aires de tragedia clásica griega plagada de escenas magistrales, personajes intensísimos e interpretaciones memorables, demostrando mejor incluso que Robert Altman el popular dicho: más sabe el Diablo por viejo que por Diablo.
'The Savages'
('La familia Savages')

AÑO: 2007
DURACIÓN: 113 min.
DIRECTOR: Tamara Jenkins
GUIÓN: Tamara Jenkins
BANDA SONORA: Stephen Trask
FOTOGRAFÍA: W. Mott Hupfel III
MONTAJE: Brian A. Kates
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Philip Seymour Hoffman, Laura Linney, Philip Bosco, Peter Friedman, Gbenga Akinnagbe, Cara SeymourEl cine independiente estadounidense lleva unos cuantos años triunfando en crítica, en las entregas de premios, y varias veces en taquilla, en base a películas de personajes con lustrosos repartos con una carga dramática enorme, siendo el ejemplo perfecto Crash. Pero por suerte este año dos películas han roto esa tendencia y demostrado que se puede hacer una excelente película con un trasfondo interesante sin cargar demasiado las tintas en lo dramático: las excelentes Juno y The Savages, film que ahora nos ocupa.
El principal motivo de la película, la unión del esfuerzo de dos hermanos distanciados para ayudar a su egoísta padre, con el cual llevan 20 años sin hablarse, cuando éste demuestra que comienza a estar senil al tiempo que su pareja fallece, no parece ser especialmente original, y es un tema que ya hemos visto decenas de veces en el cine (por ejemplo, Affliction, de Paul Schrader, que tiene un marco similar en ese aspecto, aunque la relación con el padre es muchísimo más dura). Pero hay algo que la diferencia de casi todas las demás, y es ese aspecto que tanto se echa en falta en el cine de hoy en día: la honestidad.
Empieza por ser honesta con su guión y sus personajes principales, a los cuales no carga de grandilocuentes frases, personalidades increíblemente complejas ni situaciones exageradas o poco creíbles, presentándolos simplemente como un par de hermanos cuyas vidas van ligeramente a la deriva, sobre todo en el caso de ella. Tienen una vida arreglada, pero en ningún caso se encuentran satisfechos con ella. Él, Jon, es profesor universitario, pero no logra triunfar con sus ensayos y estudios sobre grandes escritores. Ella, Wendy, trabaja en unas oficinas, y también pretende triunfar como escritora, en este caso en el teatro. Y ambos tienen una vida emocional problemática, una por ser la amante de un hombre casado de 52 años y otro por ver cómo su novia debe volver a su Polonia natal al caducar su visado y no estar dispuestos a arreglarlo mediante el matrimonio. En cuanto al padre, no profundiza en exceso en su personalidad al encontrarse ya senil, pero por los comentarios y recuerdos de los hermanos podemos identificarlo como un hombre que valía para cualquier cosa menos para criar hijos. Entre los hermanos, como en todas las familias, también ha habido y seguirá habiendo importantes diferencias, pero ello no supone un lastre para mostrar entre ellos una relación bastante cordial y totalmente natural, alejada de escenas truculentas que intenten levantar ampollas por viejos rencores.
La honestidad sigue con su puesta en escena, sencilla pero nunca ineficiente o a medio gas, con momentos realmente inspirados, como ese prólogo en el que se nos muestra una ciudad para ancianos que bien podría haber ideado un irónico Tim Burton. Pero sin duda el plato fuerte de la cinta es, como es normal en una película de personajes, su reparto, con tres actores en estado de gracia. Laura Linney nunca había estado tan convincente como en esta emocionalmente perdida Wendy, que pronto se erige como el verdadero personaje principal de la película. Con sencillos gestos logra expresar toda la inestabilidad emocional y posterior sentimiento de culpa de esta mujer. Philip Seymour Hoffman se aleja de papeles más afectados que los que había interpretado con anterioridad y nos regala una espléndida actuación que destila naturalidad por los cuatro costados como un sensato profesor que oculta su sensación de fracaso. Bosco logra dotar de gran dignidad y bastante empatía a un personaje que lo tenía todo para resultar el “villano” de la película, y se convierte en otro pilar imprescindible de esta obra.
Aunque todos estos aspectos resultan grandísimos puntos a favor, todavía queda la honestidad más importante de cualquier película: la honestidad hacia su audiencia. Tamara Jenkins trata a los espectadores con un respeto digno de admiración y total ausencia de cualquier tipo de moralina en todo el metraje. Y lo cierto es que la cinta era especialmente dada a ello teniendo en cuenta no sólo la propia trama, sino otros detalles que se nos muestran, como la automedicación con ansiolíticos y antidepresivos por parte de Wendy y su posterior consejo a su hermano para que haga lo mismo. Pero el trabajo de Jenkins como guionista no destaca sólo por la naturalidad de su historia, que logra que cualquiera empatice con los dos hermanos, sino por el tratamiento que realiza de ella, dotándola de detalles de humor (en ningún caso meros gags o chistes) que son, junto con su final, el contrapunto perfecto para compensar el durísimo trasfondo de esta película, un film que, como obra honesta que es, y aunque alguna de ellas no resulte del todo complaciente con el espectador, juega con todas sus cartas boca arriba.