28 oct. 2007

El principio del principio del fin del principio

'The Last Waltz'
('El último vals')



AÑO: 1978
DURACIÓN: 117 min.
DIRECTOR: Martin Scorsese
GUIÓN: Martin Scorsese
FOTOGRAFÍA: Michael Chapman, László Kovács, Vilmos Zsigmond, Hiro Narita, Bobby Byrne, David Myers, Michael W. Watkins
MONTAJE: Jan Roblee, Yeu-Bun Yee




Hace unos meses conseguí un videojuego llamado 'Elite Beat Agents' para mi consola Nintendo DS. En principio lo había comprado para mi madre, pero ella no fue capaz de avanzar ni de seguir la mecánica del juego, por lo que empecé a jugarlo yo, ya que no era cuestión de tirar el dinero por el retrete. En pocos días me di cuenta de lo entretenido y original que era (aunque es una adaptación de una versión japonesa inédita en occidente) y lo bien realizado que estaba artísticamente. Imagino que os preguntaréis de qué iba. Pues va de música. Todo tipo de artistas de lengua inglesa, la mayoría estadounidenses, pueden ser escuchados en este juego en el cual tenemos que seguir el ritmo de las canciones mediante la pantalla táctil. Y mediante esta práctica destroza-muñecas no tardé en constatar algo que ya imaginaba: las creaciones más recientes palidecen de un modo increíble frente a los clásicos, y eso que faltan algunos de los imprescindibles, como Bob Dylan o Eric Clapton. Los Rolling Stones se meriendan a Avril Lavigne; Earth, Wind & Fire deja en ridículo a Ashlee Simpson; Cher, sin ser de las peores, no puede con el Freddie Mercury de Queen. La edad de oro del rock & roll y el dance sigue imbatible. Aquella cultura no era simplemente un estilo musical, era un estilo de vida, una filosofía, algo que hoy en día se ha perdido en gran parte frente a la importancia de una apabullante proyección mediática que crea ídolos de barro.

Robbie Robertson es el guitarrista y líder de The BandThe Band fue otro de los grupos más emblemáticos de los 60 y 70, una época en la que el artista plasmaba en sus canciones lo que el pueblo pensaba y sentía. Expresaban en su nombre sus preocupaciones, temores, sueños y esperanzas, pero siempre con los pies en la tierra. Woodstock fue su Meca; la guerra de Vietnam y los políticos, sus demonios; y la canción, en numerosas ocasiones de protesta, su evangelio. Todos los grandes artistas de esa época compartían un espíritu, por lo que no dudaron lo más mínimo a la hora de acompañar a The Band en su último concierto, en San Francisco el 25 de noviembre de 1976. Ese concierto fue llamado El Último Vals.

Un público totalmente entregado disfrutó de magníficas canciones interpretadas por Dr. John, Joni Mitchell, Neil Diamond, Bob Dylan, Ringo Starr, Neil Young, Paul Butterfield, Ronnie Hawkins, Van Morrison, Eric Clapton, Muddy Waters y Ron Wood, aparte de los propios integrantes de The Band (Robbie Robertson, Rick Danko, Richard Manuel, Levon Helm y Garth Hudson). La compenetración y complicidad entre los diferentes artistas fue absoluta, y apenas hubo momentos en los que la gente no aplaudiera y silbara con gran entusiasmo. Y, tras acabar ese intachable recital, llegó el amargo momento de despedir a The Band, ese momento que, aunque todos sabían que llegaría, no impidió al público disfrutar de todo el concierto. Todos los artistas salieron al escenario y cantaron juntos, en un emotivo número que, aunque puede parecer muy predecible a estas alturas, tiene una indiscutible eficacia para dejar claro que todos esos artistas tienen un espíritu común, a pesar de que se dediquen a diferentes estilos musicales.


(De i. a d.) Dr. John, Neil Diamond, Joni Mitchell, Neil Young, Rick Danko, Van Morrison, Bob Dylan y Robbie Robertson interpretan “I Shall Be Released” en uno de los últimos números del musicalPero aquella noche había otro artista en el concierto que no salió al escenario. No se dedica al mundo de la música, sino al del cine, y se llama Martin Scorsese. Con un buen número de cámaras, magníficamente empleadas, como es habitual en él, y que resulta algo muy llamativo en un documental, ya que éste suele ser uno de los factores más descuidados, todo lo mencionado anteriormente es plasmado en la pantalla con una efectividad aplastante. Las declaraciones de los miembros de The Band rodadas a mayores e intercaladas con las actuaciones del concierto resultan un complemento perfecto por concisas, interesantes y de duración perfecta, lo suficiente para dejar totalmente rematado el tema del que hablan sin resultar un escollo para la fluidez musical del film. Relatan datos de sus comienzos hace 16 años (de aquella) y anécdotas de sus diferentes giras y viajes por Estados Unidos. Además, se nos presentan dos colaboraciones musicales grabadas en estudio, una con The Staples y otra con Emmylou Harris, las cuales siguen la tónica del resto, por lo que podrían haber sido parte perfectamente del concierto.

Este plano forma parte de una de las secuencias visualmente más trabajadas del film, aunque en ningún momento, por sencillo que sea, defrauda en ese aspectoSin duda alguna, ésta es una de las peliculas más infravaloradas e injustamente desconocidas de Martin Scorsese. Es cierto que yo no conocía de nada a algunos de los artistas que se nos muestran, pero con una sola actuación me dejaron claro el talento que todos ellos tienen. Scorsese también lo deja claro rodando la que está considerada una de las mejores películas sobre el rock & roll de todos los tiempos gracias a su increíble apartado musical, excelente montaje e inusitado trabajo visual para un documental, tanto en la utilización de la cámara como en la iluminación. Ojalá pudiera ver esta película en una sala de cine, porque tiene que ser una experiencia que deja marcado a cualquiera, incluso más de lo que ya ha logrado conmigo con mi antiguo equipo de altavoces y el pequeño televisor de mi habitación.

1 comentario:

Liliana dijo...

Es muy posible que Scorsese haya aprendido bastante en la mesa de montaje de "Woodstock" (Michael Wadleigh). Yo recuerdo haber visto El último vals en el cine y haberme emocionado con esa despedida tan increíble. Por lo que leo, veo que es una película que sigue guardando su esencia, porque si no, no te hubiera emocionado.
Eran músicos buenos aquellos (algunos siguen siéndolo) y fue una época grandiosa, pero es verdad que fue el principio del fin. Nunca mejor un título como el que le colocaste a este post.