31 jul. 2008

Los primeros hombres "libres" en el espacio.

'The Right Stuff'
('Elegidos para la gloria')



AÑO: 1983
DURACIÓN: 184 min.
DIRECTOR: Philip Kaufman
GUIÓN: Philip Kaufman (Novela: Tom Wolfe)
BANDA SONORA: Bill Conti
FOTOGRAFÍA: Caleb Deschanel
MONTAJE: Glenn Farr, Lisa Fruchtman, Tom Rolf, Stephen A. Rotter, Douglas Stewart
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Sam Shepard, Dennis Quaid, Barbara Hershey, Scott Glenn, Ed Harris, Fred Ward, Scott Paulin, Lance Henriksen, Charles Frank, Jeff Goldblum, Harry Shearer, Scott Wilson, Levon Helm, Donald Moffat, Pamela Reed, Veronica Cartwright, Kim Stanley





Los soviéticos son los mensajeros del Diablo en la Tierra. Hay que estar en todo momento por encima de ellos, porque los americanos son los grandes defensores de la libertad y los derechos civiles en el mundo. Ellos han realizado las más grandes hazañas de la historia, como el invento del teléfono, el avión o el cine. Por eso jamás de los jamases pueden estar por debajo de esos egoístas y asquerosos comunistas.

El reparto de la película ciertamente impresiona, viendo ya en este fotograma juntos a Fred Ward, Dennis Quaid, Scott Paulin, Ed Harris, Charles Frank, Scott Glenn y Lance Henriksen. Y faltan bastantes nombres más, como Sam Shepard, Barbara Hershey, Kim Stanley...Esto es más o menos lo que pensaba el pueblo estadounidense en los años 50 y 60, cuando dio inicio la carrera espacial y ocurría la Guerra Fría. Y esta película sobre los primeros estadounidenses que viajaron al espacio no tiene reparos en contarlo de ese modo. Esto le confiere cierto tufillo patriótico, aunque bastante contenido por parte de su director y guionista, Philip Kaufman, y que supone un pequeño lastre para la película. Ciertos logros de la URSS son reconocidos en el film, pero siempre por debajo de los obtenidos por la NASA, mucho más celebrados y épicos. La parcialidad reina en todo momento en la película, además de larga duración, pero, por increíble que parezca, se salva con creces por muchos otros aspectos.

Dejando ya bien claro este apartado, casi siempre el más destacado y criticado de la película, y con razón, debemos tener en cuenta sus numerosas virtudes, empezando por una historia bastante fiel en lo que nos cuenta (teniendo en cuenta que sólo nos narra los hechos americanos, eso sí), muy interesante por adoptar diferentes puntos de vista (políticos, científicos, pilotos, sus familias, etc) y, sobre todo, con muchos e interesantes personajes, creíbles en todo momento. Además, se agradece que se dedique un importante segmento del metraje al olvidado Chuck Yeager, pionero en atravesar la barrera del sonido, apasionado de su profesión, con unos claros principios morales, sin ganas de ser una estrella mediática y un piloto mucho más experimentado que los primeros astronautas. El ritmo no decae en ningún momento, gracias también a un buen montaje que alterna con gran acierto algún material de la época con el metraje rodado para la película. Los momentos especialmente graciosos y dramáticos, aunque escasos, están muy bien aprovechados, sobre todo los primeros (la secuencia de los diferentes cohetes de prueba explotando, con la guinda final, es impagable). Quizás haya ciertos personajes en los cuales podrían haber profundizado más (de los 7 astronautas, 3 carecen de especial importancia en la trama), pero aquellos explorados con profundidad la convierten en una película de marcado interés y cierta densidad, narrando tanto sus logros como fracasos y frustraciones, bien personales o profesionales, y cómo se le ocultaban al pueblo estadounidense para que siguieran pareciendo héroes (un pequeño contrapunto a ese patriotismo que impera en parte del metraje).


El personaje de Chuck Yeager (Sam Shepard) es uno de los más interesantes del film, además de ser un piloto pionero e injustamente olvidado.La complejidad de todos estos personajes se la tenemos que agradecer tanto al escritor de la novela original, Tom Wolfe, como al reparto que los encarna. Un reparto que hoy en día impresiona, pero que en su momento eran intérpretes no demasiado conocidos, como Scott Glenn, Barbara Hershey, Sam Shepard, Lance Henriksen, Ed Harris, Jeff Goldblum o Dennis Quaid. Todos cumplen de sobra con sus papeles, incluso algunos intérpretes algo limitados, como Fred Ward, siendo especialmente destacables los trabajos de Glenn, Harris y Shepard por tener los personajes más interesantes y desarrollados. Ah, y no olvidemos el increíble parecido del actor Donald Moffat con el presidente Lyndon Johnson. Pocas veces se ha visto una caracterización tan acertada con un político en el cine.

Otro apartado controvertido en la cinta, y que merece ser mencionado, es la banda sonora de Bill Conti. Cualquier aficionado a la música clásica notará enseguida que se basa claramente en los trabajos de Gustav Holst correspondientes a “Los planetas”, confirmándolo algo tan sencillo como el incluir la pieza “Marte: el portador de la guerra” en el film. El tema principal tiene bastantes notas en común con la pieza dedicada a Júpiter y con la anteriormente mencionada, motivo por el cual muchos han tildado de vergonzoso este trabajo. Sí es evidente que fue sobrevalorado en su momento (fue galardonado con un Oscar), pero nadie puede negar que la banda sonora es de lo más adecuada para la película y muy agradable de escuchar, a pesar de ser algo breve, por lo que no supone sino otro punto a favor para su visionado. Eso sí, es imperdonable que en los créditos no figure en ningún sitio el nombre de Holst, verdadero artífice póstumo de esta banda sonora.



La película también profundiza en las relaciones personales de los protagonistas y en las reacciones de sus familias, en especial el miedo de sus esposas a que no volvieran en cada misión en la que participaban.


Lo cierto es que he realizado esta reseña con el mero objetivo de reivindicar una película que, a pesar de tener los defectos descritos, es muy recomendable e increíblemente agradable de ver, conjugando de un modo curioso profundidad y dualidad en los personajes y un tratamiento algo parcial de la historia, clara maniobra de Philip Kaufman para lograr mayor prestigio y poder en Hollywood con el objetivo de realizar películas mucho más arriesgadas, personales, complejas y mejores, como The Unbearable Lightness of Being (toda una proeza al adaptar estupendamente la obra de Kundera, de una complejidad emocional increíble) o Quills. Si todas las películas patrióticas y con intención de lograr poder en Hollywood fueran como ésta, la meca del cine no tendría tan mala fama en ciertos círculos. Así que, sin más dilación, la recomiendo a cualquiera que se atreva con una película algo densa, larga y de estupendo reparto y factura (destacable también el esfuerzo de Caleb Deschanel en la fotografía, en especial las bellas estampas desde el espacio conseguidas con diversos efectos ópticos), pero que tenga en cuenta, eso sí, que las temidas barras y estrellitas amenazan con asomar por el televisor en ciertos momentos.

Por cierto, el teléfono no lo inventó Graham Bell, sino el italiano Meucci. Pobres estadounidenses. Aunque al menos no fue un ruso.

4 comentarios:

Liliana dijo...

La vi hace muchos años, allá por los 80, cuando se distribuyó en vídeo en Venezuela, donde entonces vivía. Ni siquiera llegó a la gran pantalla, pero sí recuerdo que brillaba en la estantería porque tenía mucho de lo que aquí rescatas de ella. Casi épica, muy disfrutable.
Un saludo y me alegra que actualices tu blog.

Liliana dijo...

Esa Liliana que te dejó el mensaje soy yo... (kinephilos)

Jorge López Fernández dijo...

Ya te reconocí, Liliana. Perdona que no pasara nada por Kinephilos esta temporada. Foro y blogs quedaron totalmente dejados de lado, y el primero aún sigue así. Y el messenger, como puedes ver, tampoco ha tenido mucho uso en mi ordenador últimamente. A ver si me pongo al día con el blog y te comento en él, o te mando algún texto. Hace tiempo que tengo uno en mente sobre el papel del cine de Michael Bay y colegas similares en el mundo actual. A ver si me encuentro con ánimo para escribirlo, que quería tomármelo bien en serio a pesar de tratar sobre quien trata. XD
A mí esta peli de Kaufman me parece un film perfecto para pasar un buen rato si tienes suficiente tiempo. Es algo densa, pero no pesada, no es necesario descifrar a fondo a sus protagonistas para seguirla, tiene momentos graciosos muy buenos, una pequeña crítica a ciertos tejemanejes del programa espacial, un excelente reparto y una factura estupenda (banda sonora, fotografía y montaje). Su dosis de propaganda es muy perdonable con tal de disfrutar el resto. No es una obra maestra, ni la mejor película de su director, pero creo que merece ser recuperada del olvido.
¡Saludos!

Liliana dijo...

Espero ese artículo para kinephilos. Será un placer contribuir a que retomes la escritura.
Te mando un abrazo