24 sept 2008

Todas las plumas desaparecen con el viento.

'We Own the Night'
('La noche es nuestra')



AÑO: 2007
DURACIÓN: 117 min.
DIRECTOR: James Gray
GUIÓN: James Gray
BANDA SONORA: Wojciech Kilar
FOTOGRAFÍA: Joaquín Baca-Asay
MONTAJE: John Axelrad
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg, Robert Duvall, Eva Mendes, Danny Hoch, Alex Veadov, Oleg Taktarov, Dominic Colon, Joe D'Onofrio





Un buen día te dispones a comprar un coche nuevo, y entonces te acercas a tu concesionario favorito. Quizás sea Ford, o Seat, puede incluso que BMW, pero eso poco importa. Comienzas a mirar los coches, y uno de ellos te llama especialmente la atención. Es precioso, tiene un gran acabado, tiene clase. No hay nada más que pensar: lo compras. Sales del concesionario orgulloso con tu nuevo vehículo, y de repente te das cuenta de que el motor no va tan bien como pensabas. Al llegar al semáforo ves que los frenos no son ninguna maravilla. Nada falla del todo, pero no funciona tan bien como su precioso aspecto hacía prever.

Evidentemente esto nos ocurre con todo: ese juego cuya caja o tráiler prometían tanto, esa lavadora con decenas de funciones automáticas o el portátil cuyas prestaciones técnicas parecían excelentes. Y claro, el cine no es una excepción. De hecho es uno de los mejores envoltorios que existen para un producto. Esta We Own the Night es un excelente ejemplo de ello, curioso caso de película cercana a la serie A más prestigiosa que se pretende infiltrar entre ellas, y técnicamente lo logra, pero no en otros aspectos.


Una mayor profundización en la relación entre estos dos hermanos o un mejor desarrollo a lo largo del film hubieran ayudado a entender ciertas reacciones.La historia, a priori, parece dar juego para situaciones dramáticas jugosas e intensas: el jefe de policía de Nueva York tiene a sus dos hijos enfrentados tanto profesional como personalmente, ya que uno de ellos, Joseph, sigue sus pasos en el cuerpo de policía con un expediente intachable mientras que el otro, Bobby, regenta un exitoso club donde se mueven todo tipo de estupefacientes. Primer problema: la situación es mostrada con conflictos iniciales entre padre y hermanos, es decir, bastante forzada al no dar una simple explicación de por qué uno acabó en el mundo de las drogas, siendo éste un tema crucial. Podemos suponer que fue simplemente porque su hermano era el favorito, pero no lo sabemos, la película no lo confirma. Quizás no sea un problema demasiado grave, pero ya empezamos a vislumbrar el sendero de la película.


Presenciamos un buen número de situaciones de bastante carga dramática y emocional, algunas de ellas bastante eficaces, pero rara vez no resultan parcialmente fallidas por las forzadas acciones de los personajes.


Tras la consabida introducción de personajes, ambientes en los que se mueven y la muestra de la existencia de esos conflictos, comienza la verdadera historia de la película, al pedirle Joseph ayuda a Bobby para atrapar a un narcotraficante que frecuenta su local. Evidentemente, éste se niega, lo normal con los evidentes roces familiares que existen. Dicha decisión da pie a un trágico suceso para Joseph, y a partir de aquí los personajes se convierten en meros títeres para que una historia de intriga policial avance.

Por muy bonito que sea, un florero es sólo un florero, de poco vale, lo cual es totalmente aplicable a Eva Mendes en este film (y yo ni siquiera la considero una belleza).Comenzamos con una reacción por parte de Bobby nada creíble (arriesgar su vida no parece algo muy normal si tanto resentimiento alberga hacia aquéllos por los cuales lo realiza), y seguiremos por una cadena de acciones por parte tanto de él como de otros secundarios (principalmente su novia Amada, personaje florero donde los haya) que parecen guiadas por un titiritero. Pocas cosas encajan en su moral, sentido común o cadena de prioridades, cambiantes continuamente sin motivos aparentes. Los sentimientos de responsabilidad hacia la familia están totalmente fuera de lugar para una persona que ha renegado de ellos durante años, adoptando el apellido de su madre. Pero Gray no adopta coherencia ninguna, y simplemente nos muestra una cadena de acciones-reacciones que sirven para hacer avanzar la historia, sin prestar apenas atención al desarrollo o simple consistencia de sus personajes. Sólo podemos salvar completamente de la quema al padre, por otra parte personaje de escasa profundidad o importancia por sus acciones, simple referencia paternal con el fin de provocar ese sentimiento de responsabilidad familiar en Bobby. Y aún nos queda por comentar el clímax final, poco creíble por la mala planificación por parte de la policía, sirviendo esto como excusa para provocar otra forzada escena de supuesta gran carga dramática, pero que no funciona lo más mínimo.

Es cierto, tiene estupendos actores con buenas interpretaciones, como el gran Robert Duvall, cuya presencia llena la pantalla, pero eso no sirve para llenar el vacío racional o emocional de sus personajes.Aún así no podemos negar sus virtudes: está bastante mejor dirigida que escrita. Con un gran aprovechamiento de los medios, una magnífica planificación, un reparto notable (si exceptuamos a Eva Mendes, a la cual aún le queda por demostrar que merezca ser considerada “actriz”), un montaje muy adecuado en las escenas de acción y un trabajado apartado visual. Es entretenida, es ágil, la narración es más que correcta, en ningún momento se hace pesada, el espectador puede darse cuenta de lo forzado de las situaciones, pero no es manipulado en ningún momento. No voy a mentir, pasé un rato entretenido viéndola, pero como todas las plumas, ésta será llevada por el viento y dudo que la vuelva a ver, ya que Gray ha demostrado ser estupendo empaquetando regalos, pero no tan bueno eligiéndolos, y el paquete ya ha sido abierto.

19 ago 2008

Algo huele a genialidad en Japón.

'Ran'



AÑO: 1985
DURACIÓN: 160 min.
DIRECTOR: Akira Kurosawa
GUIÓN: Akira Kurosawa, Hideo Oguni, Masato Ide (Novela: William Shakespeare)
BANDA SONORA: Toru Takemitsu
FOTOGRAFÍA: Asakazu Nakai, Takao Saitô, Masaharu Ueda
MONTAJE: Akira Kurosawa
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Tatsuya Nakadai, Akira Terao, Jinpachi Nezu, Daisuke Ryu, Mieko Harada, Yoshiko Miyazaki, Hisashi Igawa, Peter





Las obras de Shakespeare han dado pie a numerosas adaptaciones a la gran pantalla, desde los clásicos de Laurence Olivier hasta las geniales adaptaciones de Kenneth Branagh (su Hamlet es de una calidad inmensa), pero casi siempre se olvidan de otro genio del cine, otro que las adaptó de un modo mucho más personal, arrastrando a sus personajes a otro continente, metiéndolos en otra cultura. Akira Kurosawa fue ese artífice de diversas obras que constituyen adaptaciones libres de obras de Shakespeare en Japón, pero manteniendo la genialidad del dramaturgo inglés en lo relativo a sus personajes y conflictos. Trono de sangre, Los canallas duermen en paz, Kagemusha o la que ahora me ocupa, Ran, son ejemplos del interés del genio japonés por el genio británico y de su empeño por adaptarlo a su cultura manteniendo la esencia de la obra.

La excepcional fotografía de la película surge de una elección de localizaciones ejemplar, una iluminación muy natural y una planificación modélica por parte de Kurosawa.Como adaptación libre de 'El rey Lear', en Ran se nos cuenta la historia del clan Ichimonji, cuyo patriarca, Hidetora, decide un día dividir sus territorios entre sus tres hijos. Pero en ese momento Saburo, el menor de ellos, le expone sus ideas sobre tal acción, y se gana el desprecio y la desconfianza de su padre, por lo que resulta expulsado de sus tierras. Así pues, sus dos hijos mayores se reparten el reino, siendo el primogénito el nuevo jefe del clan, aunque su padre queda como un elemento importante de él, conservando unos cuantos soldados como su guardia personal. Taro, el primogénito, no ve con buenos ojos que su padre conserve cierto poder, e incitado por su esposa, Kaede, le exige deshacerse de sus hombres y de cualquier poder que aún pueda ostentar. Indignado, Hidetora busca apoyo en su segundo hijo, Jiro, pero éste tiene las mismas ansias de poder que su hermano mayor, así que su padre queda tirado en sus antaño propios territorios con el apoyo únicamente del bufón de la corte, Kyoami, y unos pocos hombres que le son leales. Finalmente se refugia en el castillo de su tercer hijo, el cual ha quedado vacío, y allí es atacado por las tropas de Taro y Jiro. Sus hombres son masacrados, sobreviviendo únicamente él al ataque, y quedando su mente claramente alterada ante semejante cadena de acontecimientos. Poco antes de terminar la batalla, Taro es asesinado por uno de los hombres de Jiro con el objetivo de que éste sea el nuevo patriarca del clan. Cuando consigue su nuevo puesto, se encuentra con la presión de Kaede, la cual amenaza con decirle al pueblo cómo logró convertirse en el nuevo patriarca. Descendiente de una familia aniquilada por los ejércitos de Hidetora, y casada por simple conveniencia con Taro, sólo desea la destrucción completa del clan Ichimonji, y hará lo que sea por conseguirlo.

Tras contemplar su destrucción por parte de sus propios hijos, Hidetora sucumbirá a la locura, intercambiando sus papeles con su bufón.Kurosawa tardó casi una década en poder realizar esta apoteósica obra, una oscura disección del ser humano y de sus deseos de poder y venganza por encima de cualquier otra cosa. Ninguno de los protagonistas escapa del todo de esta visión pesimista del ser humano. Ni siquiera el marginado Hidetora, que realmente ve que lo único que hace es cosechar lo sembrado durante largos años de mandato en el clan. Unas tierras conquistadas de forma salvaje, unas familias destrozadas por sus hombres y unos hijos malcriados son los causantes de su caída. La película en ningún momento hace hincapié en las acciones realizadas por el padre, pero sí en sus consecuencias, como bien muestra el encuentro con el cuñado de Jiro, perteneciente a una de las familias aniquiladas años atrás, y al cual obligó a sacarse sus propios ojos como castigo. Sin embargo, y tras muchos años de reclusión como un ermitaño en una cabaña perdida, no guarda especial rencor al clan Ichimonji, simplemente porque no quiere avivar más el fuego. Todo lo contrario que Kaede, la cual sólo desea la destrucción del clan, aunque ello pudiese conllevar su propia caída tras haberse casado con Taro.

Aunque Hidetora pueda parecer una víctima del destino, en realidad sólo recoge lo que ha sembrado durante décadas de aniquilación y conquista.La intensidad dramática propia de las obras de Shakespeare está todo tiempo en pantalla, gracias tanto a la excelente adaptación de la obra al Japón del siglo XVI como a un reparto en estado de gracia, destacando el veterano Tatsuya Nakadai como Hidetora. Sus miradas y gestos de desesperación, indignación o terror son uno de los grandes pilares del film. Constituye el principal motor moral de la película, aquel que nos muestra las consecuencias de sus acciones, en contraste con Kyoami, el motor intelectual, aquel que con sus chascarrillos y bromas hace grandes reflexiones sobre lo que ha ocurrido, se debería haber hecho o va a suceder. Kaede, primero en un segundo plano, se convierte en un personaje clave y de gran intensidad cuando muere su marido y vuelca sus esfuerzos en el nuevo patriarca, Jiro. Destrozada tras la muerte de su familia, en ella sólo quedan deseos de venganza, por lo que acaba siendo un personaje incluso más oscuro y amoral que los dos hermanos mayores.

Kurosawa logró tras muchos años de trabajo, y teniendo que buscar apoyo económico fuera de su país, una obra maestra de una intensidad dramática increíble y una gran belleza plástica. Nada desentona lo más mínimo en esta historia repleta de personajes inolvidables, planos ejemplares por su sencillez e intensidad (cuando Hidetora espera su muerte en el tercer castillo mientras las flechas atraviesan la ventana) y momentos épicos, tanto en términos de producción como de dramatismo. Sé que esta crítica no le hace justicia a esta película, y sólo puedo excusarme diciendo que se trata de una de esas obras que considero claramente por encima de mis posibilidades. Lo único que puedo hacer es quitarme el sombrero ante Kurosawa. De nuevo.

17 ago 2008

Cadena de estupideces.

'Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull'
('Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal')



AÑO: 2008
DURACIÓN: 125 min.
DIRECTOR: Steven Spielberg
GUIÓN: David Koepp
BANDA SONORA: John Williams
FOTOGRAFÍA: Janusz Kaminski
MONTAJE: Michael Kahn
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Harrison Ford, Cate Blanchett, Shia LaBeouf, Karen Allen, John Hurt, Ray Winstone, Jim Broadbent





La primera se convirtió al momento en un clásico del cine de aventuras, y con los años pasó a ser el clásico por antonomasia de ese género, y un modelo imitado decenas de veces. La segunda fue recibida con más frialdad debido a su tono oscuro y pesimista respecto al ser humano, algo muy arriesgado en una película con intenciones comerciales, aunque conserva la diversión y el excelente trabajo de Spielberg tras la cámara. La tercera fue recibida como el segundo advenimiento de Cristo, como una de las mejores películas de la historia para mucha gente, aunque supuso un claro paso atrás (más bien una caminata atrás) respecto a su predecesora. Tiene un gran ritmo, pero no tarda demasiado en mostrarse como la más infantil de ellas, llena de escenas ridículas que simplemente quieren arrancar la carcajada al público más joven, aunque para ello se valgan de absurdos y momentos poco creíbles. Ni siquiera el carismático Sean Connery, con su magnífico trabajo, puede salvarla de ser una película de aventuras mediocre, cercana al comercialismo que imperaría en la mayor parte del cine estadounidense de los noventa. Y ahora, casi veinte años después, nos llega la cuarta entrega. Los fans más acérrimos de Indy la reclamaban desde hacía algunos años, pero muchos nos temíamos que habría ido un paso más allá (o más atrás, según se mire) respecto a la tercera.

Esta calavera sirve para introducir unos componentes de ciencia ficción al más puro estilo 'Expediente X' que no pegan ni con cola en el mundo de Indy.La frase que mejor define esta película es, a su vez, una de las que mejor define la sociedad actual, “el fin justifica los medios”, motivo por el cual se convirtió en una película de gran éxito de público y taquilla, y moderadamente para la crítica. Nos encontramos ante una película en la que todo vale con tal de ver acción en la pantalla y que el ritmo no cese. No son simplemente escenas ridículas, como en la tercera entrega, sino que han logrado llegar a un nuevo nivel: el absurdo total. No importa que las escenas se salten toda lógica en este mundo, o que resulten estúpidamente gratuitas, o que sean incoherentes entre sí; sólo importa que el ritmo no cese. Una estupidez, otra estupidez, otra estupidez más... así durante todo el metraje, sin tregua para el espectador. La narrativa no importa lo más mínimo en la película. Casi se podría decir que no existe. La historia no es más que una excusa para mostrarnos una secuencia de imágenes supuestamente entretenidas que pretenden no dar tregua, puede que para que el espectador no reflexione sobre lo que está viendo.

Momentos como éste, a pesar de estar magníficamente fotografiados, suponen un paso adelante en la creación de escenas ridículas.La estrategia, cuando menos, tiene sentido, ya que hay escenas que resultan totalmente imperdonables, comenzando por la ya famosa nevera indestructible o los nativos que están encerrados dentro de estatuas para acechar a los intrusos, unos intrusos que no llegan desde hace siglos; pasando por unas hormigas que forman una columna para atacar a los humanos. ¿Tiene lógica? Evidentemente no, pero eso no importa, ya que el resultado es lo que cuenta. Pero no sólo de situaciones ridículas vive este film, ya que los personajes nuevos salen igual de mal parados. Irina, la soviética interpretada por Blanchett, es uno de los villanos más estúpidos que se han visto en la historia del cine. Sin especial carisma, ni personalidad, con momentos para mayor gloria de la absurdez de la peli (cuando le coloca a Indy la mano en la frente). El doctor Oxley es posiblemente uno de los peores papeles que el veterano John Hurt ha interpretado en su vida. Durante la mayor parte de sus escenas hace poco más que bailar y saltar de manera estúpida, sin gracia alguna. Ray Winstone tampoco tuvo mucha suerte con su personaje, que quizás no sea tan ridículo, pero resulta tan pobre que todos sus movimientos se huelen a kilómetros. Shia LaBeouf se ocupa de un personaje arquetípico al cien por cien, el típico adolescente rebelde. No lo hace mal, pero con un personaje tan pobre es difícil lucirse. Sin duda el que resultó más afortunado fue Jim Broadbent, que simplemente cubre el hueco dejado por Denholm Elliott al principio y final de la película. Ésa es su suerte, que apenas sale en este despropósito, y no tienen tiempo ni para dejar que su personaje haga el ridículo.

En la vida vi una escena tan autocomplaciente por parte de un director como ésta.Harrison Ford, la verdad, ya no está para estos trotes. Interpreta con solvencia su papel, pero a esa edad es difícil verlo como un héroe de aventuras o de guerra. Su presentación en pantalla, como el regreso de una leyenda, funciona ahora bastante bien ya que se acaba de estrenar, pero dentro de unos años será una escena de autocomplacencia absoluta por parte de Spielberg, un error más en esta ristra interminable. El regreso de Karen Allen es algo más discreto, pero optaron por dirigir a su personaje por esa senda de la patochada que jamás había pisado en la primera entrega. Convirtieron a un personaje de marcado carácter en otra excusa más para hacer reír al espectador. Otro eslabón más en la cadena de errores que estamos recorriendo.

Estúpida, incoherente, absurda, idiota, autocomplaciente. Se la podía calificar de muchos otros modos, ninguno positivo, pero no cabe duda de que es una película acorde con los tiempos actuales, en los cuales todo ha de transcurrir lo más rápido posible, sin dar tregua para la reflexión o la narración detallada y pausada. Es un paso de Spielberg dentro de ese submundo del cine cuyo dios es Michael Bay. Algo está claro, triunfará en los MTV Movie Awards, y ya lo dijo Fellini: "La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural".

4 ago 2008

Porque somos demasiados...

'Jude'



AÑO: 1996
DURACIÓN: 122 min.
DIRECTOR: Michael Winterbottom
GUIÓN: Hossein Amini (Novela: Thomas Hardy)
BANDA SONORA: Adrian Johnston
FOTOGRAFÍA: Eduardo Serra
MONTAJE: Trevor Waite
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Kate Winslet, Christopher Eccleston, Liam Cunningham, Rachel Griffiths, June Whitfield





No son pocos los autores que han tratado amores imposibles por diversos motivos, ya sea por convenciones de época (Edith Wharton), motivos morales o religiosos (Graham Greene) o condiciones históricas (Sebastien Japrisot). No voy a mentir en este tema: no soy precisamente un gran literato, así que a casi todos los conozco por sus respectivas adaptaciones al cine. A esta lista tengo que sumar ahora a Thomas Hardy, que en su novela 'Jude el oscuro' nos narra la historia de un joven serio y trabajador con ansias de ser un hombre cultivado.

Jude estaba destinado a vivir siempre con un cincel en la mano, pero decidió negar ese destino e intentar llegar a algo más en la vida.Jude Fawley nació en un pequeño pueblo de la campiña inglesa, y parecía predestinado a ser labriego o dedicar su vida a manejar un cincel, pero un día su mentor, el señor Phillotson, le contó que leyendo libros mientras otros estaban en la calle, estudiando mientras otros se divertían y yendo a la universidad cuando fuese mayor un nuevo mundo se abriría ante él. Jude se tomó muy en serio sus palabras, y desde entonces su vida consistió en trabajar lo suficiente para poder vivir con su tía y cultivarse de manera solitaria. Pero un día una chica del pueblo, Arabella, se fijó en él, y no cesó en su empeño hasta que logró llevarlo al altar. Poco después, viendo ambos que su matrimonio era un error, sus vidas se separaron, marchando ella a Australia y él a intentar ingresar en la universidad. Entonces, en su nueva ciudad, siempre bajo la sombra de seguir casado con Arabella, conocerá a su prima Sue Bridehead, con la que comenzará una intensa amistad que se convertirá en un complejo amor no consumado...

Entre el amor de Jude y Sue se interpondrán varios elementos, siendo el principal de ellos las convenciones morales de la época, pero también ellos tendrán sus propias dudas morales, y al final, tras un dramático episodio, incluso religiosas. Por estos motivos las similitudes con las obras de Wharton ('The Age of Innocence') y Greene ('The End of the Affair') son bastante evidentes, aunque la historia sea algo menos sutil y rica, sobre todo en cuanto a personajes. Jude no es un hombre increíblemente complejo, aunque eso es realmente lo que se nos quiere mostrar en la historia, por lo cual admira a su prima Sue, una mujer cultivada, compleja y adelantada a su época. Sobre Arabella no sabemos demasiadas cosas, aparte de que parece ser una mujer sencilla del campo, lo que en cierto modo era un impedimento para las ansias de Jude por cultivarse, ya que él no se conformaba con vivir de despiezar cerdos. De todos modos, su importancia en la historia es más bien simbólica, el estilo de vida al que Jude estaba destinado y que se negó a abrazar, bien a través de ella o de otra mujer. Sue representa totalmente lo opuesto, una vida con más libertad y alejada de convenciones sociales, religiosas o morales, con interés por la cultura y conocer mejor el mundo. Y aparte de estos tres, no tenemos muchos más personajes con verdadera importancia en la trama. Todas las frustraciones por las dificultades de su amor se revelan a través de ellos mismos o de personajes episódicos poco desarrollados, lo que dificulta el llegar a comprender del todo de dónde vienen sus reacciones, a pesar de que todos lo sepamos.


Aunque ambos actores componen realmente bien sus papeles, el personaje de Jude, por su propia naturaleza, es en todo momento dominado por el de Sue, mucho más compleja y evolucionada a lo largo del film.La historia resulta, por tanto, muy interesante, y está bien narrada, pero se ve lastrada por las limitaciones de articularse realmente en sólo dos personajes, uno de ellos claramente “dominado” por el otro, y de incluir ciertos pasajes carentes de sutileza, como el de la escena del dormitorio de sus hijos, escena crucial pero algo exagerada y poco creíble debido al escaso, por no decir nulo, desarrollo de la personalidad de su hijo mayor. Uno puede intuir que eso iba a pasar por ciertas líneas de diálogo, pero se hubiera agradecido una profundización en la mente del pequeño, por lo que parece bastante más atormentada de lo que todos se imaginaban. El trágico final (que nadie considere esto un spoiler, porque cualquiera intuye que esta historia no va a acabar bien, tanto por el tono del film como por su desarrollo) encaja bastante bien con el resto de la historia, y supone una evolución muy interesante del personaje de Sue, pero probablemente le parezca a más de uno forzado al tener su origen en la escena citada anteriormente.

Eduardo Serra realiza un trabajo realmente espléndido con la fotografía, no sólo por sus bellas localizaciones, sino por una iluminación preciosa y melancólica, tanto en el segmento inicial en blanco y negro como en el resto del film.En cualquier caso, Winterbottom logró una obra de calidad notable, sin marcar demasiado las tintas en los momentos más endebles del escrito, realizando un canto al verdadero amor y a la injusticia imperante en el mundo. Para conseguirlo se rodeó de un equipo destacable, con el portugués Eduardo Serra como responsable de una preciosa y melancólica fotografía y unos excelentes Christopher Eccleston y Kate Winslet. Kate ha demostrado en pantalla la libertad de espíritu como pocas actrices han hecho (Titanic, Iris, Eternal Sunshine of the Spotless Mind), y aquí vuelve a bordarlo, construyendo un personaje con una vitalidad contagiosa en casi todo el metraje. Eccleston también destaca como el joven con ansias de cultura pero perdido Jude, en especial en los momentos en que tiene que mostrar sus sentimientos de un modo más sutil, saliendo algo peor parado en los momentos explícitamente más dramáticos.

Muchos la recordarán por el desnudo de Kate Winslet, como se puede comprobar por internet, pero esta película de Michael Winterbottom tiene otras virtudes por las que merece ser vista. Crítica, dura, desgarradora, pesimista y un canto al amor verdadero. A veces peca de resultar excesiva, y en otras ocasiones de resultar algo simple por sus escasos personajes, pero no hay duda en que transmite magníficamente su mensaje: en el amor, como en todo en este mundo, para poder ganar o perder hay que arriesgar.

31 jul 2008

Los primeros hombres "libres" en el espacio.

'The Right Stuff'
('Elegidos para la gloria')



AÑO: 1983
DURACIÓN: 184 min.
DIRECTOR: Philip Kaufman
GUIÓN: Philip Kaufman (Novela: Tom Wolfe)
BANDA SONORA: Bill Conti
FOTOGRAFÍA: Caleb Deschanel
MONTAJE: Glenn Farr, Lisa Fruchtman, Tom Rolf, Stephen A. Rotter, Douglas Stewart
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Sam Shepard, Dennis Quaid, Barbara Hershey, Scott Glenn, Ed Harris, Fred Ward, Scott Paulin, Lance Henriksen, Charles Frank, Jeff Goldblum, Harry Shearer, Scott Wilson, Levon Helm, Donald Moffat, Pamela Reed, Veronica Cartwright, Kim Stanley





Los soviéticos son los mensajeros del Diablo en la Tierra. Hay que estar en todo momento por encima de ellos, porque los americanos son los grandes defensores de la libertad y los derechos civiles en el mundo. Ellos han realizado las más grandes hazañas de la historia, como el invento del teléfono, el avión o el cine. Por eso jamás de los jamases pueden estar por debajo de esos egoístas y asquerosos comunistas.

El reparto de la película ciertamente impresiona, viendo ya en este fotograma juntos a Fred Ward, Dennis Quaid, Scott Paulin, Ed Harris, Charles Frank, Scott Glenn y Lance Henriksen. Y faltan bastantes nombres más, como Sam Shepard, Barbara Hershey, Kim Stanley...Esto es más o menos lo que pensaba el pueblo estadounidense en los años 50 y 60, cuando dio inicio la carrera espacial y ocurría la Guerra Fría. Y esta película sobre los primeros estadounidenses que viajaron al espacio no tiene reparos en contarlo de ese modo. Esto le confiere cierto tufillo patriótico, aunque bastante contenido por parte de su director y guionista, Philip Kaufman, y que supone un pequeño lastre para la película. Ciertos logros de la URSS son reconocidos en el film, pero siempre por debajo de los obtenidos por la NASA, mucho más celebrados y épicos. La parcialidad reina en todo momento en la película, además de larga duración, pero, por increíble que parezca, se salva con creces por muchos otros aspectos.

Dejando ya bien claro este apartado, casi siempre el más destacado y criticado de la película, y con razón, debemos tener en cuenta sus numerosas virtudes, empezando por una historia bastante fiel en lo que nos cuenta (teniendo en cuenta que sólo nos narra los hechos americanos, eso sí), muy interesante por adoptar diferentes puntos de vista (políticos, científicos, pilotos, sus familias, etc) y, sobre todo, con muchos e interesantes personajes, creíbles en todo momento. Además, se agradece que se dedique un importante segmento del metraje al olvidado Chuck Yeager, pionero en atravesar la barrera del sonido, apasionado de su profesión, con unos claros principios morales, sin ganas de ser una estrella mediática y un piloto mucho más experimentado que los primeros astronautas. El ritmo no decae en ningún momento, gracias también a un buen montaje que alterna con gran acierto algún material de la época con el metraje rodado para la película. Los momentos especialmente graciosos y dramáticos, aunque escasos, están muy bien aprovechados, sobre todo los primeros (la secuencia de los diferentes cohetes de prueba explotando, con la guinda final, es impagable). Quizás haya ciertos personajes en los cuales podrían haber profundizado más (de los 7 astronautas, 3 carecen de especial importancia en la trama), pero aquellos explorados con profundidad la convierten en una película de marcado interés y cierta densidad, narrando tanto sus logros como fracasos y frustraciones, bien personales o profesionales, y cómo se le ocultaban al pueblo estadounidense para que siguieran pareciendo héroes (un pequeño contrapunto a ese patriotismo que impera en parte del metraje).


El personaje de Chuck Yeager (Sam Shepard) es uno de los más interesantes del film, además de ser un piloto pionero e injustamente olvidado.La complejidad de todos estos personajes se la tenemos que agradecer tanto al escritor de la novela original, Tom Wolfe, como al reparto que los encarna. Un reparto que hoy en día impresiona, pero que en su momento eran intérpretes no demasiado conocidos, como Scott Glenn, Barbara Hershey, Sam Shepard, Lance Henriksen, Ed Harris, Jeff Goldblum o Dennis Quaid. Todos cumplen de sobra con sus papeles, incluso algunos intérpretes algo limitados, como Fred Ward, siendo especialmente destacables los trabajos de Glenn, Harris y Shepard por tener los personajes más interesantes y desarrollados. Ah, y no olvidemos el increíble parecido del actor Donald Moffat con el presidente Lyndon Johnson. Pocas veces se ha visto una caracterización tan acertada con un político en el cine.

Otro apartado controvertido en la cinta, y que merece ser mencionado, es la banda sonora de Bill Conti. Cualquier aficionado a la música clásica notará enseguida que se basa claramente en los trabajos de Gustav Holst correspondientes a “Los planetas”, confirmándolo algo tan sencillo como el incluir la pieza “Marte: el portador de la guerra” en el film. El tema principal tiene bastantes notas en común con la pieza dedicada a Júpiter y con la anteriormente mencionada, motivo por el cual muchos han tildado de vergonzoso este trabajo. Sí es evidente que fue sobrevalorado en su momento (fue galardonado con un Oscar), pero nadie puede negar que la banda sonora es de lo más adecuada para la película y muy agradable de escuchar, a pesar de ser algo breve, por lo que no supone sino otro punto a favor para su visionado. Eso sí, es imperdonable que en los créditos no figure en ningún sitio el nombre de Holst, verdadero artífice póstumo de esta banda sonora.



La película también profundiza en las relaciones personales de los protagonistas y en las reacciones de sus familias, en especial el miedo de sus esposas a que no volvieran en cada misión en la que participaban.


Lo cierto es que he realizado esta reseña con el mero objetivo de reivindicar una película que, a pesar de tener los defectos descritos, es muy recomendable e increíblemente agradable de ver, conjugando de un modo curioso profundidad y dualidad en los personajes y un tratamiento algo parcial de la historia, clara maniobra de Philip Kaufman para lograr mayor prestigio y poder en Hollywood con el objetivo de realizar películas mucho más arriesgadas, personales, complejas y mejores, como The Unbearable Lightness of Being (toda una proeza al adaptar estupendamente la obra de Kundera, de una complejidad emocional increíble) o Quills. Si todas las películas patrióticas y con intención de lograr poder en Hollywood fueran como ésta, la meca del cine no tendría tan mala fama en ciertos círculos. Así que, sin más dilación, la recomiendo a cualquiera que se atreva con una película algo densa, larga y de estupendo reparto y factura (destacable también el esfuerzo de Caleb Deschanel en la fotografía, en especial las bellas estampas desde el espacio conseguidas con diversos efectos ópticos), pero que tenga en cuenta, eso sí, que las temidas barras y estrellitas amenazan con asomar por el televisor en ciertos momentos.

Por cierto, el teléfono no lo inventó Graham Bell, sino el italiano Meucci. Pobres estadounidenses. Aunque al menos no fue un ruso.