Tras esta reflexión sobre nuestra caja tonta, también me gustaría hablar sobre el fútbol, ese deporte que ha dejado de ser tal para convertirse en un espectáculo que mueve miles y miles de millones. Las pasiones que despierta el fútbol nunca me han resultado comprensibles. Gente que entra en una increíble euforia cuando su equipo gana un título, incluso algunos se encuentran fuera de sí en tales momentos, realizando destrozos en todo tipo de mobiliario, urbano o no. Gente que adora a un equipo que al final no es más que un símbolo, que muchas veces ni siquiera es el de su propia ciudad. El presidente cambia, el entrenador (y por tanto el estilo de juego) también, los jugadores lo hacen continuamente. Está claro que no es por un estilo o una persona que se mantenga en un equipo. Son fans de un símbolo, un escudo, un emblema. Rara vez siguen un estilo, una tendencia, unos valores. Quizás me falte pasión para entender algo así y sea una persona demasiado cerebral, que no se entrega a nada sin un motivo bien analizado. Muchas veces se ha tildado al fútbol de ser el opio del pueblo, y creo que para alguna gente es en cierto modo así, y durante la dictadura se promocionó con ese objetivo. Por eso en numerosas ocasiones siento envidia de esas personas que lo viven con tanta pasión, ya que el opio ayuda a sobrellevar los problemas, aunque puede ser contraproducente en muchas ocasiones.
30 ago 2007
Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver futbolero
Tras esta reflexión sobre nuestra caja tonta, también me gustaría hablar sobre el fútbol, ese deporte que ha dejado de ser tal para convertirse en un espectáculo que mueve miles y miles de millones. Las pasiones que despierta el fútbol nunca me han resultado comprensibles. Gente que entra en una increíble euforia cuando su equipo gana un título, incluso algunos se encuentran fuera de sí en tales momentos, realizando destrozos en todo tipo de mobiliario, urbano o no. Gente que adora a un equipo que al final no es más que un símbolo, que muchas veces ni siquiera es el de su propia ciudad. El presidente cambia, el entrenador (y por tanto el estilo de juego) también, los jugadores lo hacen continuamente. Está claro que no es por un estilo o una persona que se mantenga en un equipo. Son fans de un símbolo, un escudo, un emblema. Rara vez siguen un estilo, una tendencia, unos valores. Quizás me falte pasión para entender algo así y sea una persona demasiado cerebral, que no se entrega a nada sin un motivo bien analizado. Muchas veces se ha tildado al fútbol de ser el opio del pueblo, y creo que para alguna gente es en cierto modo así, y durante la dictadura se promocionó con ese objetivo. Por eso en numerosas ocasiones siento envidia de esas personas que lo viven con tanta pasión, ya que el opio ayuda a sobrellevar los problemas, aunque puede ser contraproducente en muchas ocasiones.
Maquinado por
Jorge López Fernández
a las
2:36:00 p. m.
Etiquetas: editorial, fútbol, noticias, televisión
28 ago 2007
Un depredador del asfalto
('El diablo sobre ruedas')
AÑO: 1971
DURACIÓN: 91 min.
DIRECTOR: Steven Spielberg
GUIÓN: Richard Matheson
BANDA SONORA: Billy Goldenberg
FOTOGRAFÍA: Jack Marta
MONTAJE: Frank Morriss
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Dennis Weaver, Tim Herbert, Lou Frizzell, Jacqueline Scott, Eddie Firestone, Lucille Benson, Gene Dynarski
Tras rodar varios cortos y capítulos de series de televisión, Spielberg hizo un excelente debut en el largometraje, en este caso en formato de telefilm, con esta película en la que ya anunciaría cuáles serían sus constantes como director, principalmente su excelente dosificación del ritmo, con un cuidado montaje, y un excelente uso de la cámara (su defensa de la estructura familiar es una constante que adquirió años más tarde, aquí aún no está presente).
La pregunta más inquietante que le queda al espectador en la cabeza tras acabar de ver el film es “¿por qué?”. ¿Por qué el camionero ataca a David de ese modo, con esa obsesión por él? No parece muy creíble que ataque a cada coche que lo adelante a lo largo de su recorrido. Es posible que sea la primera vez que haga algo así, pero de todos modos, ¿por qué a David? La respuesta se halla en la escena final, que viene a confirmar lo que uno sospecha a lo largo de toda la película gracias a ese ruido (parece de un dinosaurio) que escuchamos: el peligro no es el camionero, es el propio camión, un animal salvaje que ve en el David conductor una presa fácil. Otros detalles que nos ayudan a confirmarlo son la inexistencia de un rostro para el camionero (sólo podemos identificarlo cuando está en su vehículo), que sólo ataque a David cuando está fuera del coche en momentos indispensables (la llamada a la policía que podría suponer el final de la caza), que su tubo de escape enorme desprenda grandes cantidades de humo justo antes de atacar (muchos animales exhalan de un modo exagerado cuando se preparan para embestir) o que el coche de David se encuentre al borde de sus posibilidades al final de la huida, emanando vapor y a una velocidad menor de lo habitual, igual que un animal necesitaría descansar un momento y tomar aire durante una huida. En resumen, el conflicto comienza cuando ambos están al volante de sus vehículos, los verdaderos enemigos, y no tanto sus conductores.
Dennis Weaver es el único intérprete con cierta importancia en la película, ya que, como he comentado, la trama se sustenta en una lucha entre los dos vehículos, y el actor saca adelante su personaje con gran soltura. Nos muestra muy convincentemente a un hombre de negocios apocado que parece enfrascado en la rutina, un modelo muy corriente. Los momentos de angustia cuando no sabe si el depredador que le persigue se encuentra a su alrededor son muy bien representados con esos juegos de miradas entre Weaver y las pocas personas que se encuentra en el restaurante de carretera.
Spielberg siguió la línea de esta película en su primer taquillazo, 'Jaws', ya que el último tramo de ésta es muy similar al film que acabo de analizar. Simplemente hay que sustituir a Dennis Weaver por Richard Dreyfuss, Robert Shaw y Roy Scheider, al coche por un barco, al tráiler por un tiburón y la calzada por el mar; el esquema es el mismo. Y el tiburón emite el mismo sonido que el tráiler cuando muere, aparte de que el barco también es destruido, como el coche. Muchas referencias a esta obra, un excelente comienzo para Spielberg en un largometraje en el que ya demostraba su indudable talento narrativo y visual. Lástima que después adoptara defectos en el tratamiento de la temática de sus películas, todos de tendencia conservadora, pero lo que nadie puede negarle es su maestría técnica del medio. Además de esa perfección, esta película nos transmite un importante mensaje con la destrucción de ambos vehículos: las barbaridades en la calzada se pagan, y de un modo importante.
Maquinado por
Jorge López Fernández
a las
2:50:00 a. m.
Etiquetas: 'Duel', 1971, crítica, Steven Spielberg
25 ago 2007
La guerra de formatos empieza de verdad
La guerra entre los nuevos formatos de alta definición está llegando a su punto álgido al declarar Paramount Pictures y Dreamworks Animation su exclusividad con el formato desarrollado por Toshiba, HD DVD, dejando de lado al Blu-Ray de Sony. Previamente, 20th Century Fox y Disney ya se habían alineado junto con el formato de Sony, y la cadena Blockbuster acaba de anunciar que no comercializará HD DVD.
Tras estos datos sobre los nuevos formatos, vemos que la diferencia no es tan aplastante como para ser necesario ya un cambio, ni el DVD está gastado, pidiendo a gritos un sucesor, como le sucedía al VHS. Entonces, ¿por qué ya un nuevo formato? ¿Por qué? ¿Para proporcionar un servicio que los consumidores necesitan o demandan? Es evidente que no, simplemente lo sacan para ganar más dinero en esta sociedad tan consumista, donde muchas personas se "pelean" por tener un reproductor de alta definición antes que los demás y poder presumir de ello. Grave error por su parte, ¿o es que acaso la gente que tenía un Beta presumía de él tras ver que perdieron la batalla contra el VHS? Moraleja: no compréis un reproductor de alta definición por el momento, por muy buen equipo que tengáis, y evidentemente ni penséis en ello si tenéis un televisor normal. Esperad a que uno de los dos formatos gane para saber que no estáis tirando el dinero por la ventana.
Maquinado por
Jorge López Fernández
a las
2:10:00 p. m.
Etiquetas: alta definición, Blu-Ray, editorial, HD DVD
20 ago 2007
La teoría del caos hecha cine
AÑO: 2005
DURACIÓN: 96 min.
DIRECTOR: Uwe Boll
GUIÓN: Michael Roesch, Peter Scheerer, Elan Mastai
FOTOGRAFÍA: Mathias Neumann
MONTAJE: Richard Schwadel
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Christian Slater, Stephen Dorff, Tara Reid, Will Sanderson, Ed Anders, Robert Bruce, Daniel Cudmore
Pues sí, amantes del cine, me atreví a ver esta cosa anoche, ya que la daban por la Primera a las 00:00, y tengo que decir que realmente es tan mala como había leido. He intentado escribir una crítica seria pero me he sentido incapaz con tal despropósito, así que os dejo un texto menos formal y estricto de lo habitual. Espero que no os incomode. Ah, y no puedo dejar sinopsis porque la historia es un sinsentido que fui incapaz de enlazar.
Mi hermano y yo nos dispusimos a verla para reirnos un rato, aunque nos perdimos los minutos iniciales, una pena. No hubo tantas risas como esperaba, la mayoría de las escenas tenían expresiones como "Joder" o "Madre mía" saliendo de mi boca, sobre todo por las incoherencias del guión y tantísimos cabos sueltos que quedan. Desde una agencia que detecta todo tipo de fenómenos paranormales con un ordenador hasta el hecho de que más de 20 personas hayan tenido durante 20 años un trozo de metal en la columna vertebral y ninguno se haya enterado. Se ve que jamás se han hecho una radiografía ni han pasado por arcos detectores de metal. En ningún momento tuve idea de qué pretendía el malo (supongo que hacerse con el poder definitivo, como todos, puede que quisiera hacerse inmortal para ser eterno ;-) ) ni por qué los tipos controlados por él perseguían a Slater. Líneas de diálogo estúpidas o sin sentido, a montones. Desde pseudo-filosóficas como "Algunas puertas están siempre cerradas" hasta un estúpido "Contrata más gente" justo antes de una tiroteo importante. Quizás Stephen Dorff se piensa que esto es el Caribe y los comandos entrenados se encuentran como los piratas, a montones en las tabernas. La escena de sexo es totalmente gratuita, y realmente es cómo decían. La tía entra, ve a Slater durmiendo y, ni corta ni perezosa, a pesar de hacer meses que no sabía nada de él y que apenas han hablado desde su reencuentro, tiene un calentón, pero la ropa interior no se la quitarán en ningún momento. Tiene planos y escenas robadas a otras películas, como 'Raiders of the Lost Ark' (la escena en que se encuentran Tara Reid y Slater), 'Alien' (varias de las apariciones de los xenomas, los monstruos) y 'Evil Dead' (el plano final). La fotografía es horrible, casi todo está a oscuras y se supone que tenemos que distinguir lo que vemos; un disparate. Y para la banda sonora, pues nada, las típicas notas y acordes de tensión y acción, trilladísimo. Varias escenas están montadas como videoclips, en especial la del tiroteo a oscuras, en la cual no me enteraba de nada. Unos efectos especiales que se muestran cutres a más no poder cuando la oscura fotografía no puede ocultarlos (por ejemplo, cuando al amigo de Slater le meten un gusano por la boca, efecto que me recordó a pelis de los 80 como 'Willow' o 'The Neverending Story', pero mucho peor hecho) sirven para rematar esta joya. Probablemente sus decorados sean lo único decente que nos podemos encontrar, y sus más que probables defectos queden ocultos entre tantas sombras.
La fidelidad al juego es del 0%. Yo he jugado a los cuatro y, aunque la saga fue claramente en picado, todos tenían un trasfondo común: fenómenos paranormales ocurridos en una casa (en el tercero era en un pueblo fantasma, pero poco más daba). Aquí nos encontramos con restos de una antigua civilización con visos de ciencia ficción, un disparate tanto por su estúpido desarrollo como por la nula relación que tiene con la licencia de la que parte. Es evidente que compraron los derechos para llamar a la película 'Alone in the Dark', igual que podían haberla llamado 'Super Mario Bros. 2' y cambiar los nombres por Mario, Peach y Bowser.
¿Es ésta una de las peores películas de la historia del cine? Pues no sé si llegará a tanto. Yo diría que las de Ed Wood eran peores, por lo que ví yo, al menos en lo que se refiere a términos de producción y coordinación en la puesta en escena, aunque en mal gusto creo que le gana ésta. Lo que está claro es que nos encontramos ante uno de los máximos exponentes de la idiocia cinematográfica distribuida a nivel mundial en el circuito comercial de los últimos años. Sólo vale la pena para verla con unos amigos o familiares y echarse unas risas. Ver esto solo o, peor aún, pagar por ello, es pecado capital, os lo aseguro. Siempre recordaré a aquel par que me encontré en los cines el día que fui a ver 'Brokeback Mountain' y que comentaron: "Oye, ¿vamos a ver 'Alone in the Dark'? Tiene buena pinta". Inocentes.
Maquinado por
Jorge López Fernández
a las
4:24:00 p. m.
Etiquetas: 'Alone in the Dark', 2005, crítica, Uwe Boll
18 ago 2007
Cuenta atrás para la muerte
AÑO: 2002
DURACIÓN: 11 min.
DIRECTOR: Víctore Erice
GUIÓN: Víctor Erice
FOTOGRAFÍA: Ángel Luis Fernández
MONTAJE: Julia Juaniz
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Ana Sofía Liaño, Pelayo Suárez, Celia Poo, José Antonio Amieva, Fernando García Toriello
En este corto, que forma parte del film 'Ten Minutes Older: The Trumpet', junto a trabajos de Spike Lee o Wim Wenders entre otros, Erice nos muestra un problema muy común durante su infancia: la alta tasa de mortalidad de los recién nacidos. En concreto plasma la muerte por desangramiento debida a la caída de los restos del cordón umbilical, por lo que tenían que coser la herida a los bebés.
El bebé está tranquilamente durmiendo en su cuna cuando la sangre comienza a brotar. Como el bebé por el momento no llora, nadie se entera. Ni la madre, que duerme plácidamente a su lado en la cama en pleno día, así que parece probable que el parto haya sido recientemente, ni el padre, quien también se encuentra en brazos de Morfeo en otra habitación, ni las demás personas que se nos muestran, que casi seguro serán todos familiares, saben lo que le ocurre al recién nacido. Todo esto ocurre en una hacienda con diversos campos de cultivo, donde la mayoría se encuentran realizando tareas rutinarias como son cocinar, limpiar zapatos, segar la hierba, etc. Las excepciones son el señor más mayor que se nos presenta (tiene toda la pinta de ser el abuelo del bebé), que juega al solitario con las cartas, y, evidentemente, los niños, que disfrutan de su tiempo libre como pueden. Mientras se nos muestran todas estas actividades, también vemos un periódico en la cocina, lo que nos permite saber el año en que nos encontramos: 1940, con el recientemente instaurado régimen franquista y en pleno avance de las tropas de Hitler, como bien reza el rotativo. De hecho, el espantapájaros tiene un casco del ejército republicano. Una foto de un negocio no es mostrada poco después. Parece un negocio próspero, con bastantes empleados, puede que familiar, aunque no es probable que sea en territorio español debido a la crisis económica tras la Guerra Civil. El hecho de ver un coche con matrícula de La Habana e identificar a los personajes como gallegos, o de un territorio limítrofe con Galicia, una vez que los escuchamos hablar, nos lleva a pensar en la emigración a Cuba por motivos económicos. Algún familiar emigró allí y prosperó económicamente, por lo que la familia posee esa foto del negocio y el coche con matrícula de la isla. Tras todas estas imágenes, vemos a un gato que se apoya en la cuna para mirar al bebé, el cual comienza finalmente a llorar. Todos los familiares acuden junto al bebé, y la señora que se hallaba en la cocina le cose la herida mientras los demás la observan. Tras acabar, le entrega el bebé a los padres y la madre comienza a cantar una canción, con la que todo volverá a la calma y la rutina anterior.
El corto trata diversos temas, siendo el principal el paso del tiempo con la muerte que conlleva. La sangre que poco a poco se va extendiendo por la ropa del bebé mientras escuchamos el tic-tac del reloj, un niño que se dibuja un reloj en la muñeca que borrará una vez todo haya pasado (el bebé tenía las horas contadas, pero por suerte la cosa se solucionó) o las actividades realizadas por los familiares de forma acompasada (golpes en el metal que simulan el tic-tac, la máquina de coser, los trabajos en el campo...) son referencias a ese ineludible paso del tiempo. El plano que nos presenta los pies de una niña sentada en un columpio también resulta una referencia a la muerte, ya que podrían ser perfectamente los pies de alguien ahorcado. El contexto político-social de la época es otro tema tratado, como ya apunté al describir la trama. La crisis económica que motivó la emigración es mostrada en el corto. No sabemos quién tuvo que emigrar, pero sabemos que alguien se vió en la necesidad de hacerlo para que la familia pudiese sobrevivir. También la barbarie de la guerra es mostrada simbólicamente, ya que el casco de su ejército es usado como símbolo disuasor, aunque sólo sea para los pájaros.
Víctor Erice se decantó por el uso del blanco y negro para el corto ya que, aparte del evidente valor estético que conlleva, le permite mostrar la vida y la muerte como esos dos colores opuestos. La sangre se extiende como una mancha negra sobre el blanco vestido del bebé, y, después de coser y limpiar la herida, la sangre es limpiada en un impoluto lavabo, con lo que el blanco (la vida) pudo ganarle al negro (la muerte). El gato que va a mirar al bebé justo antes de que comience a llorar podría ser una referencia a la buena suerte que se les achaca en otros países del mundo (si el bebé no llorase, nadie se enteraría y habría muerto), aunque aquí se dice que son símbolo del mal agüero. La realidad mostrada parece bastante monótona, con los familiares durmiendo, realizando tareas domésticas repetitivas o con actividades de ocio que sirven más para matar el tiempo que para entretenerse. Otra referencia a la mala época que están pasando, ya que o trabajan o pasan el rato con juegos sencillos. Resulta muy destacable el trabajo realizado por los hombres del campo, segando la hierba, de un modo muy acompasado al tic-tac de un reloj, con guadañas, el instrumento habitual de la muerte. El paso del tiempo es mostrado también con otras imágenes, como son un primer plano de un puro consumiéndose o la caída de las frutas cuando ya han madurado. Estas imágenes sólo aportan ese simbolismo, sin ayudar a comprender mejor el contexto de la familia (el puro quizás sea un habano, pero también podría haberlo comprado en España). En la banda sonora sólo nos encontramos con unas pocas líneas de diálogo de algunos personajes, los llantos del bebé, la canción final y los sonidos propios de las actividades presenciadas. Es decir, un gran silencio, la rutina en que todos viven, hasta que el bebé llama la atención.
Erice realizó un corto realmente hermoso, no sólo estéticamente gracias a su preciosa fotografía, con referencias a múltiples temas de corte pesimista, aunque el problema se soluciona al final. La rutina mostrada resulta muy desalentadora, sin persona alguna que semeje ser especialmente feliz con lo que está realizando. Es evidente que atraviesan una época de crisis. Cabe destacar el nombre en inglés del corto, 'Lifeline', es decir, cuerda salvavidas, una referencia tanto al cordón umbilical que, tras haberle proporcionado la vida al bebé, ahora puede producirle la muerte, como al apoyo económico vital que supone ese familiar que emigró a Cuba. Nos encontramos, en resumen, ante una pequeña obra de arte de gran sensibilidad y enorme belleza, que trata diversos aspectos de un modo más complejo de lo que puede parecer al principio. No basta con visionarlo una sola vez, hay que disfrutar de diversos visionados para poder asimilarlo a fondo, para apreciar los temas que nos muestra Erice de este modo tan sensible.
Maquinado por
Jorge López Fernández
a las
11:07:00 p. m.
Etiquetas: 'Alumbramiento', 2002, crítica, Víctor Erice
12 ago 2007
Los grandes imperios se basan en la crueldad
AÑO: 2002
DURACIÓN: 168 min.
DIRECTOR: Martin Scorsese
GUIÓN: Jay Cocks, Steven Zaillian, Kenneth Lonergan
BANDA SONORA: Howard Shore
FOTOGRAFÍA: Michael Ballhaus
MONTAJE: Thelma Schoonmaker
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Leonardo DiCaprio, Daniel Day-Lewis, Cameron Diaz, Jim Broadbent, John C. Reilly, Henry Thomas, Brendan Gleeson, Liam Neeson
Finales de los 70, Martin Scorsese rueda 'Taxi Driver' y logra el mayor éxito de su carrera hasta ese momento. Entonces recuerda un libro de Herbert Ashbury, 'Gangs of New York', y le viene a la mente la idea de plasmar en pantalla aquella sociedad tan violenta de finales del S. XIX. Los productores la escuchan, la vuelven a escuchar, y le dan una respuesta muy clara: NO. 20 años después, tras éxitos de crítica y público como 'Raging Bull' o 'Goodfellas', Scorsese consigue por fin el tan ansiado SÍ, y comienza la odisea de rodar la que será una de las mayores y mejores producciones épicas del Hollywood de los últimos años.
El sacerdote Vallon era el honorable y respetado líder de la banda de “Los conejos muertos”, pero murió a manos de “el Carnicero” enfrentándose a sus hombres, “Los nativos americanos”. Desde entonces Bill ha sido el amo y señor del barrio de Five Points, e incluso algunos de los antiguos conejos muertos ahora trabajan a sus órdenes. Amsterdam ha pasado varios años en una orfanato, hasta que por fin sale al mundo exterior, y tiene en mente sólo una cosa: vengar a su padre. Para ello llegará a intentar ganarse su confianza, con el objetivo de estar lo más próximo a él y poder matarlo delante de todos sus hombres.
Es evidente que en un film como éste la ciudad se convierte en un personaje más de la historia, con diversas facetas, desde la tranquila y cálida del barrio rico hasta la brutal sacudida de Five Points, los barrios bajos. Nueva York es un personaje recurrente en la obra de Scorsese, pero aquí lo aborda en toda su extensión, pudiendo además indagar en sus orígenes y una de sus etapas más duras y extremas. Aparte del reinado de terror de Bill, la ciudad, y por extensión la nación entera, son otro imperio nutrido en el miedo, la crueldad y la violencia. La revuelta por el reclutamiento lo ilustra sobremanera, con esa escena en la que las tropas avanzan entre un mar de sangre y cadáveres sin inmutarse lo más mínimo. Todos los grandes imperios se han forjado sobre el terror y la opresión, aunque tengan una democracia como sistema, y los Estados Unidos no iban a ser la excepción.
Mucha gente no acogió especialmente bien esta película, usando popularmente un argumento tan débil como “es que Scorsese ha hecho películas mejores con menos presupuesto”, lo cual es cierto ('Taxi Driver' es el perfecto ejemplo), pero ello no quita que nos encontremos ante una obra mucho más madura y profunda de lo que puede parecer a simple vista. Este film sobre los imperios y sus fundamentos ya empieza a ser reivindicado con toda justicia por diversos críticos y cinéfilos, y es muy probable que el tiempo le proporcione el prestigio que se le negó.
Dedicada a Sergio, por tener el mejor foro de cine que existe.
Maquinado por
Jorge López Fernández
a las
9:11:00 p. m.
Etiquetas: 'Gangs of New York', 2002, crítica, Martin Scorsese
La eterna búsqueda de la belleza
('Muerte en Venecia')
AÑO: 1971
DURACIÓN: 127 min.
DIRECTOR: Luchino Visconti
GUIÓN: Luchino Visconti, Nicola Badalucco (Novela: Thomas Mann)
FOTOGRAFÍA: Pasqualino De Santis
MONTAJE: Ruggero Mastroianni
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Dirk Bogarde, Silvana Mangano, Björn Andersen, Marisa Berenson, Mark Burns, Romolo Valli
El film nos narra la historia de Gustav Von Aschenbach, un reputado compositor alemán de alta cuna que atraviesa una crisis personal y profesional: su última obra fue un completo fracaso, su hija ha muerto y, para más inri, su salud no atraviesa una buena etapa. Por dichos motivos decide tomarse una etapa de reposo en Venecia, alejado de su entorno habitual. Pero su estancia será de todo menos relajante, ya que un joven y angelical muchacho de rubios rizos, Tadzio, provocará en él una atracción enfermiza que le irá consumiendo, además de ver cómo la decadencia no alcanza sólo su vida, sino a la propia ciudad de Venecia en forma de epidemia. Aschenbach recordará a lo largo de todos estos sucesos, con diversos flashbacks, varios momentos de su vida y, sobre todo, el principal motivo que impulsó su carrera como compositor: la búsqueda de la máxima belleza a través del arte.
Visconti ha logrado una obra increíblemente perfeccionista, más allá del profundo calado de su historia. Su perfección técnica es innegable, desde la intachable ambientación de la Venecia de principios del siglo XX hasta la fotografía de Pasqualino de Santis. No sólo Aschenbach buscó la belleza en su máxima expresión, sino que el propio Visconti intentó que su película la rezumase por los cuatro costados. La fotografía, exquisita y preciosista a más no poder, busca resaltar la imagen en su vertiente más estética, sin grandes simbolismos. La película trata sobre eso, la esencia de la belleza, por lo que el realzamiento estético tiene un doble sentido en este caso, intentando lograr lo mismo que Aschenbach. Las obras del genial Gustav Mahler resultan un complemento perfecto para esta historia. La melancolía y el pesimismo imperantes en todo el metraje, aunque con algunos momentos alegres, están magníficamente acompañados por la música del maestro austriaco. Visconti tuvo una gran idea al apoyarse en este compositor tanto para el personaje principal como para la banda sonora. Aunque también cometió un error en la tónica general de la película al añadir el recuerdo de la escena del prostíbulo, intentando desterrar la atracción homosexual entre Aschenbach y Tadzio. La deliciosa ambigüedad de la novela es puesta en entredicho en esta obra, un fallo por parte del director. Lo cierto es que dicha escena no es suficiente como para echar por tierra la vertiente homosexual de Aschenbach, lo que puede hacer a la película contradictoria en ciertos segmentos. Los juegos de manos entre Tadzio y otro joven para provocar al compositor son una ligera muestra del extremo opuesto, así que dicha ambigüedad sigue latente aunque se intente echar a un lado.
¿Qué es la belleza? Difícil describirla. Todos hemos la hemos encontrado cuando menos lo esperábamos, ya fuese en la música, la literatura, la pintura... o en otras personas, posiblemente la más maravillosa y perfecta de todas. Cada uno la ve en un sitio diferente, y algunos dedican su vida a buscarla. A veces gracias a su pasión, otras con su vertiente más racional. Thomas Mann quiso mostrar esto en su novela, junto a la degradación tanto de la sociedad de aquella época como del propio ser humano con el paso del tiempo, tanto física como emocional. Visconti ha logrado plasmar en imágenes la obra original con una exquisitez asombrosa. Tiene sus pequeños fallos, es cierto, casi todos en los flashbacks, pero globalmente nos hallamos ante una obra profunda y perfeccionista como pocas. ¿Es usted de los que quieren encontrar la belleza? Pues no busque más por un tiempo, vea esta película y habrá encontrado un grandísimo exponente.
Dedicada a Liliana, a la que debo el poder escribir estas críticas y haber abierto el blog.
Maquinado por
Jorge López Fernández
a las
2:49:00 a. m.
Etiquetas: 'Morte a Venezia', 1971, crítica, Luchino Visconti
8 ago 2007
Los grandes héroes americanos
('Banderas de nuestros padres')
AÑO: 2006
DURACIÓN: 132 min.
DIRECTOR: Clint Eastwood
GUIÓN: William Broyles Jr., Paul Haggis (Libro: James Bradley, Ron Powers)
BANDA SONORA: Clint Eastwood
FOTOGRAFÍA: Tom Stern
MONTAJE: Joel Cox
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Ryan Phillippe, Jesse Bradford, Adam Beach, Paul Walker, Jamie Bell, Melanie Lynskey
Clint Eastwood ya había comentado más de una vez el gran sueño que tenía desde hace bastantes años: rodar una película bélica. Finalmente ha podido hacerlo realidad gracias a su gran éxito con 'Million Dollar Baby', al apoyo de su amigo Steven Spielberg y al descubrimiento por su parte de una novela sobre la batalla de Iwo Jima idónea para ser trasladada a la gran pantalla. Pero su proyecto no acaba ahí, ya que poco antes del rodaje se hizo eco de que unas cartas escritas por soldados japoneses durante la defensa de dicha isla habían sido desenterradas, y aprovechó su contenido para redactar un segundo guión con el que poder rodar un díptico. Así podríamos apreciar la batalla desde el punto de vista de los vencidos en 'Letters from Iwo Jima' y del bando triunfador en ésta que ahora nos ocupa, 'Flags of our Fathers'.
Basada en la novela homónima de James Bradley y Ron Powers, la película nos narra la historia de tres soldados estadounidenses: el médico John Bradley y los soldados Ira Hayes, un indio, y Rene Gagnon. Los tres estuvieron en Iwo Jima y ayudaron a izar la bandera de la famosa fotografía que llenó de esperanza a toda una nación. Tras publicarse en todos los periódicos, el ejército los requiere para hacer promoción de las fuerzas armadas con el fin de que la gente compre bonos de guerra, ya que la situación económica del gobierno no era precisamente holgada. Todo esto es narrado en forma de flashback, ya que la historia comienza con James Bradley indagando sobre el pasado de su padre cuando la salud de éste sufre un importante revés.
Intérpretes poco conocidos fueron los escogidos para el reparto. Entre ellos podemos destacar a Ryan Philippe, Barry Pepper, Jesse Bradford, Jamie Bell, Joseph Cross, Melannie Lynskey y Adam Beach, uno de los mayores aciertos de la película al escoger a un actor de origen indio para interpretar a Ira, y no como realizó Delbert Mann en 'The Outsider', dirigiendo a Tony Curtis en dicho papel.
Los héroes y los símbolos son algo muy subjetivo. Ése es el mensaje central que este film nos quiere hacer llegar, y lo logra muy convincentemente gracias a esta historia de manipulación y demagogia, aunque los segmentos actuales le resten algo de fuerza al conjunto. No nos encontramos ante un film precisamente bélico, sino ante un drama de denuncia que tiene la guerra como trasfondo y no como motivo, una guerra que, si bien fue necesaria por inevitable, produjo, como todas, numerosas injusticias y actos vergonzosos, muchos fuera del campo de batalla. Y Eastwood ha sabido representar esto con gran realismo.
Maquinado por
Jorge López Fernández
a las
5:44:00 p. m.
Etiquetas: 'Flags of our fathers', 2006, Clint Eastwood, crítica