27 may. 2008

Puedes hacerlo. Cualquiera puede hacerlo.

'Before the Devil Knows You´re Dead'
('Antes que el Diablo sepa que has muerto')



AÑO: 2007
DURACIÓN: 117 min.
DIRECTOR: Sidney Lumet
GUIÓN: Kelly Masterson
BANDA SONORA: Carter Burwell
FOTOGRAFÍA: Ron Fortunato
MONTAJE: Tom Swartwout
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei, Rosemary Harris, Aleksa Palladino, Michael Shannon, Amy Ryan, Brian F. O'Byrne, Lee Wilkof





83 años. Con esa edad cualquier director se habría retirado ya (menos Manoel de Oliveira, el cual amenaza con fallecer claqueta en mano). Pero Sidney Lumet ha decidido no hacerlo. Un Oscar honorífico. Estatuilla maldita y sinónimo de decadencia y cuesta abajo en la carrera de cualquiera en el mundo del cine. Pero a Sidney Lumet no le ha afectado. Realizar una película decente y de autor con Vin Diesel como protagonista. Nadie se lo habría imaginado. Pero Sidney Lumet sí. Ni los años, ni las maldiciones, ni los actores de mala fama pueden con este grande (aunque de filmografía irregular, eso sí) del celuloide estadounidense. Y los aficionados al buen cine tenemos que dar las gracias de que así sea, y esperemos siga siendo por bastantes años.

Ambos hermanos, Andy y Hank, son unos fracasados a su manera: el primero emocional y moralmente, el segundo social y económicamente.Lumet ha tenido que volver a los personajes frustrados o fracasados de sus orígenes para regalarnos una de sus mejores obras. Cuando menos desde Prince of the City, y es incluso posible que desde Dog Day Afternoon, Lumet no nos había deleitado con una obra tan redonda como ésta, con tanta garra y fiereza en su planteamiento y personajes. Y poco tardamos en darnos cuenta de todo esto, ya que en cuanto conocemos la situación de los hermanos Andy (Philip Seymour Hoffman) y Hank (Ethan Hawke) y su plan para atracar la joyería de sus padres (Albert Finney y Rosemary Harris) nos percatamos de que vamos a presenciar una historia de dimensiones épicas en su plano emocional y moral.

Charles (Albert Finney) tendrá un reencuentro con sus hijos tras el grave incidente, y comprobará cómo afloran viejos odios y rencores.Narrada mediante flashbacks según el punto de vista de los principales personajes, la historia no ofrece grandes giros argumentales, ni pretende hacerlo, pero sí logra descubrir progresivamente las personalidades de sus protagonistas, en especial de Andy. Quizás los flashbacks no sean un modo muy original de contarlo en plena era de ruptura con la narración lineal, pero resultan eficaces a la hora de mostrar la evolución de cada personaje al centrarse en él durante un buen tramo de metraje, sin saltar de uno a otro continuamente. La historia va aumentando en intensidad de un modo espectacular, hasta alcanzar un clímax memorable en sus últimas escenas.

A la grandeza del guión de Kelly Masterson (sorprende que haya logrado semejante resultado con éste su primer libreto) se le suma un trabajo de dirección por parte de Lumet simplemente brillante. Su habitual sobriedad alejada de cualquier tipo de efectismo queda como anillo al dedo a esta historia, al igual que ocurría con Dog Day Afternoon o Serpico, al contar con una narrativa cargada de dinamismo e intensidad, algo que no pasaba con Network o The Verdict, que, a pesar de contar con grandísimos guiones, no tuvieron en Sidney Lumet al mejor director por resultar más densos y lentos. También hemos de destacar el estupendo uso de la banda sonora (compuesta por el habitual de los Coen, Carter Burwell), algo poco habitual en Lumet, como podemos comprobar en cualquiera de sus trabajos anteriores.


El atraco prometía ser algo sencillo y sin heridos, pero las cosas pronto se tuercen y comienza una verdadera tragedia familiar de dimensiones épicas.Pero si hay algo que siempre ha resultado perfecto en todos los films de Lumet es su deslumbrante dirección de actores, y aquí no tenemos una excepción. Todo el reparto está sublime en sus dispares papeles, en especial ese monstruo de la interpretación que es Philip Seymour Hoffman, que realiza uno de sus mejores trabajos como el gélido Andy, con una permanente muestra de sentimiento de superioridad respecto a los demás, en especial a su fracasado hermano Hank, interpretado estupendamente por un Ethan Hawke que simplemente necesita una mirada para mostrarnos todo su temor. Quizás el único que en ocasiones se exceda un poco sea un Albert Finney que el resto del tiempo resulta indispensable en la pantalla.

En 1957 Lumet sorprendió a todo el mundo debutando con 12 Angry Men, que poco tardó un convertirse en clásico y en una de las películas más influyentes de su época. Y ahora, 51 años después, demuestra que está más en forma que nunca, regalándonos una de sus mejores obras, un drama con aires de tragedia clásica griega plagada de escenas magistrales, personajes intensísimos e interpretaciones memorables, demostrando mejor incluso que Robert Altman el popular dicho: más sabe el Diablo por viejo que por Diablo.

2 may. 2008

¿La familia? Mal, gracias.

'The Savages'
('La familia Savages')



AÑO: 2007
DURACIÓN: 113 min.
DIRECTOR: Tamara Jenkins
GUIÓN: Tamara Jenkins
BANDA SONORA: Stephen Trask
FOTOGRAFÍA: W. Mott Hupfel III
MONTAJE: Brian A. Kates
PRINCIPALES INTÉRPRETES: Philip Seymour Hoffman, Laura Linney, Philip Bosco, Peter Friedman, Gbenga Akinnagbe, Cara Seymour





El cine independiente estadounidense lleva unos cuantos años triunfando en crítica, en las entregas de premios, y varias veces en taquilla, en base a películas de personajes con lustrosos repartos con una carga dramática enorme, siendo el ejemplo perfecto Crash. Pero por suerte este año dos películas han roto esa tendencia y demostrado que se puede hacer una excelente película con un trasfondo interesante sin cargar demasiado las tintas en lo dramático: las excelentes Juno y The Savages, film que ahora nos ocupa.

Wendy y Jon comprobarán cómo su reencuentro por culpa de su padre se convertirá en un pequeño apoyo emocional para ambos en unas vidas que parecen no seguir un rumboEl principal motivo de la película, la unión del esfuerzo de dos hermanos distanciados para ayudar a su egoísta padre, con el cual llevan 20 años sin hablarse, cuando éste demuestra que comienza a estar senil al tiempo que su pareja fallece, no parece ser especialmente original, y es un tema que ya hemos visto decenas de veces en el cine (por ejemplo, Affliction, de Paul Schrader, que tiene un marco similar en ese aspecto, aunque la relación con el padre es muchísimo más dura). Pero hay algo que la diferencia de casi todas las demás, y es ese aspecto que tanto se echa en falta en el cine de hoy en día: la honestidad.

A pesar de que nunca fue un buen padre, los hermanos, en especial ella, siguen teniéndole ese pequeño cariño natural que se le coge a quien te ha criadoEmpieza por ser honesta con su guión y sus personajes principales, a los cuales no carga de grandilocuentes frases, personalidades increíblemente complejas ni situaciones exageradas o poco creíbles, presentándolos simplemente como un par de hermanos cuyas vidas van ligeramente a la deriva, sobre todo en el caso de ella. Tienen una vida arreglada, pero en ningún caso se encuentran satisfechos con ella. Él, Jon, es profesor universitario, pero no logra triunfar con sus ensayos y estudios sobre grandes escritores. Ella, Wendy, trabaja en unas oficinas, y también pretende triunfar como escritora, en este caso en el teatro. Y ambos tienen una vida emocional problemática, una por ser la amante de un hombre casado de 52 años y otro por ver cómo su novia debe volver a su Polonia natal al caducar su visado y no estar dispuestos a arreglarlo mediante el matrimonio. En cuanto al padre, no profundiza en exceso en su personalidad al encontrarse ya senil, pero por los comentarios y recuerdos de los hermanos podemos identificarlo como un hombre que valía para cualquier cosa menos para criar hijos. Entre los hermanos, como en todas las familias, también ha habido y seguirá habiendo importantes diferencias, pero ello no supone un lastre para mostrar entre ellos una relación bastante cordial y totalmente natural, alejada de escenas truculentas que intenten levantar ampollas por viejos rencores.

La honestidad sigue con su puesta en escena, sencilla pero nunca ineficiente o a medio gas, con momentos realmente inspirados, como ese prólogo en el que se nos muestra una ciudad para ancianos que bien podría haber ideado un irónico Tim Burton. Pero sin duda el plato fuerte de la cinta es, como es normal en una película de personajes, su reparto, con tres actores en estado de gracia. Laura Linney nunca había estado tan convincente como en esta emocionalmente perdida Wendy, que pronto se erige como el verdadero personaje principal de la película. Con sencillos gestos logra expresar toda la inestabilidad emocional y posterior sentimiento de culpa de esta mujer. Philip Seymour Hoffman se aleja de papeles más afectados que los que había interpretado con anterioridad y nos regala una espléndida actuación que destila naturalidad por los cuatro costados como un sensato profesor que oculta su sensación de fracaso. Bosco logra dotar de gran dignidad y bastante empatía a un personaje que lo tenía todo para resultar el “villano” de la película, y se convierte en otro pilar imprescindible de esta obra.


Las disputas no se producen sólo en torno a su progenitor, sino que los dos hermanos, como en todas las familias, también tienen sus habituales riñas, algunas por nuevos secretos que no conocían, y otras por resquemores del pasadoAunque todos estos aspectos resultan grandísimos puntos a favor, todavía queda la honestidad más importante de cualquier película: la honestidad hacia su audiencia. Tamara Jenkins trata a los espectadores con un respeto digno de admiración y total ausencia de cualquier tipo de moralina en todo el metraje. Y lo cierto es que la cinta era especialmente dada a ello teniendo en cuenta no sólo la propia trama, sino otros detalles que se nos muestran, como la automedicación con ansiolíticos y antidepresivos por parte de Wendy y su posterior consejo a su hermano para que haga lo mismo. Pero el trabajo de Jenkins como guionista no destaca sólo por la naturalidad de su historia, que logra que cualquiera empatice con los dos hermanos, sino por el tratamiento que realiza de ella, dotándola de detalles de humor (en ningún caso meros gags o chistes) que son, junto con su final, el contrapunto perfecto para compensar el durísimo trasfondo de esta película, un film que, como obra honesta que es, y aunque alguna de ellas no resulte del todo complaciente con el espectador, juega con todas sus cartas boca arriba.